¿Tenemos de verdad la libertad de tomar las decisiones que queramos?

Tomado libremente de un artículo de Scientific American

The world without free will de Azim Shariff y Kathleen D. Vohs

Entramos en la heladería y una plétora de sabores se nos presentan a cual más deseable: ¿Será el de fresas? ¿O aquel de chocolate? Mmmm, mira ese de mantecado con moras… Nuestro cerebro lucha con las opciones y al final triunfa una: “Sr. déme un helado de chocolate con maní”.

He escogido este ejemplo sencillo, mis queridos lectores, para ilustrar de la forma más clara un proceso de la mente humana que ha tenido a los filósofos, religiosos y científicos de cabeza por muchos siglos: ¿Es la selección un proceso real? ¿Tenemos la capacidad de elegir libremente? ¿Existe el libre albedrío? Claro, los filósofos no hablan de elegir el sabor de un helado, sino de cosas más profundas: ¿tenemos la libertad realmente de elegir entre el bien y el mal? Y hay muchas, muchísimas discusiones al respecto desde la más lejana antigüedad. En algunos casos y como nos lo ilustra el pequeño ejemplo anterior, la respuesta parece evidente. Cada día hacemos cientos de decisiones ¿cómo no vamos a tener libre albedrío? 

Otras veces los deterministas nos hacen dudar: ¿no era el helado de chocolate con maní el preferido de tu mamá? ¿no será que estás influenciado por los comentarios que ella hacía cuando eras un niño, iban a la heladería y ella pedía ese sabor, mientras que tu hermana mayor, que siempre te molestaba, pedía el de fresa? mmm… puede ser ¿verdad? 

NeuronasY por otro lado salen los evolucionistas: ¡son genes! Desde los primeros hombres hemos buscado las comidas más ricas en calorías para alimentarnos y eso se nos quedó grabado en los genes y por eso nos gusta tanto el chocolate. Pareciera loco y entiendo que duden que la preferencia por un sabor de helado dependa de nuestros genes, pero ¿ustedes no se han dado cuenta de cómo se heredan las capacidades musicales? ¿Cómo la mayoría de los hijos de músicos saben tocar? Pues entonces, si se hereda la capacidad musical, ¿por qué no el sabor preferido de los helados?

Y también están los biologistas, que dicen que todo está en el cerebro y las neuronas. En un experimento realizado por el doctor Álvaro Pascual-Leone, se le solicitó a voluntarios que levantaran una mano, la que quisieran. Por supuesto, los derechos seleccionaban un poco más esa mano, 60% de las veces, y los zurdos la otra. Pero cuando a los voluntarios se les aplicó un campo magnético en la cabeza, los porcentajes variaban fuertemente, por ejemplo los derechos disminuían la selección de su mano a 20%, levantando la izquierda 80% de la veces. Además, cuando se les preguntaba porqué levantaban esa mano, ellos afirmaban que su selección era absolutamente libre. ¿Entonces nuestro “libre albedrío depende de un campo magnético? Uhhh…

¿Y qué dicen los religiosos? Por ejemplo, a los cristianos nos enseñaron que Dios era omnisciente y onmnipotente, es decir sabe y decide todo lo que sucederá. Eso me producía un poco de escozor, si Dios sabe que voy a levantar la mano derecha, es imposible que levante la izquierda ¿no? Si Dios sabe cuál será el sabor del helado, es él quien decidió, yo no ¿correcto?

Cuando lo vemos como un problema moral, se nos pone el problema más difícil ¿podemos culpar al criminal cuando el actuar mal no fue una decisión suya? ¿cuando actuó de esa forma debido a una pésima educación y al mal ejemplo de cuando era un niño? Hoy nuestra justicia se debate en esas aguas profundas y quizás el resultado es el caos que nos rodea.

Prison Visitor FeeAhora bien, si no hay verdaderamente libre albedrío, nadie es culpable de sus crímenes y pareciera que es injusto castigarlo si, al fin y al cabo, viene de sus genes, de su educación o del ambiente en que se educó. 

Prueben organizar algo, lo que sea, sin que haya castigo para los que no cumplan las reglas. Algo cotidiano, una salida a comer con los amigos en que cada quien paga lo suyo y permitan que uno deje de pagar sin consecuencias. La primera vez, probablemente los otros pagarán por él y no pasará de unas risas o quizás un poco de pena. Pero la siguiente vez probablemente serán dos o tres los que no pagarán ¿verdad que sí? y a la siguiente… bueno, seguro que no habrá siguiente. 

Cualquier organización sin premios y castigos colapsa y lo primero que se requiere para que haya premios y castigos es que la gente se adueñe de sus decisiones y se haga responsable por ellas. En otras palabras, si no hubiese libre albedrío ¡habría que crearlo!



Deja tus comentarios aquí: