¿Tener Hijos es la Felicidad?

La Felicidad…es un tema del que se ha hablado en muchos libros, muchas religiones y aún nadie sabe cómo encontrarla. Cualquiera diría: es fácil, solo vive la vida tal como tú quieras o dirían otros que la respuesta está en seguir las reglas y hacer lo que se debe hacer. Yo me inclino más por la primera premisa, pero el meollo del asunto es que muy pocos sabemos lo que queremos en la vida. Todos queremos ser felices, pero qué significa la Felicidad. Rápidamente, sin analizarlo mucho sería ser libre de pensamiento, de cuerpo y alma. ¿Cómo se logra esa libertad?

Nos enseñaron de niñas a seguir las reglas y con eso podíamos conseguir el respeto y la aceptación de todos. Ahora de adultas sentimos que hay un impulso interno que nos lleva a romper las reglas y a seguir nuestros instintos. Da miedo, mucho miedo salirse del carril en el que todos van. Da terror equivocarse y perder lo que se ha logrado hasta ahora.

¿Estudiar, casarse, tener hijos y allí llegará la Felicidad que buscas? Eso es lo que pensamos cuando vamos creciendo y seguro nuestros días se basaron en ser los mejores profesionales, conseguir un buen empleo, casarnos con una persona que nos respete, que nos quiera y tener hijos para ser la mujer perfecta. Y aquí estamos a un poco más de la mitad de ese mágico camino y ahora es cuando nos detenemos a pensar que ésto no es la Felicidad.

Ya estudiamos la carrera que queríamos y ahora queremos ser mujeres independientes y  trabajar por nuestra cuenta y no sabemos cómo hacerlo si solo nos enseñaron a ser buenas empleadas. Nos casamos con un hombre que nos ama y nos sentimos más bien presas porque debemos ir adaptando nuestros sueños para tratar de convertirlos en uno y eso es desesperante. Todavía no tenemos hijos y ahora no sabemos si queremos ser madres realmente. O peor aún, ya somos madres y seguimos cuestionándonos si esto era lo que realmente queríamos. Nos recriminamos a nosotras mismas si somos unas malas mujeres por sentir eso.

Pensándolo fríamente es un poco anti-natural amarrarse a otro ser humano queriendo caminar juntos hacia una misma meta cuando todos sabemos que cada cabeza es un mundo y es agotador ajustar nuestros planes de vida con los de otra persona.

La vida debería ser así de simple: hacer lo que queremos y si en ese camino nos encontramos a ese ser especial o alma gemela o como lo quieran llamar, pues qué bien que hayamos llegado los dos al mismo sitio. Y hasta sería más emocionante poder compartir uno con el otro las aventuras que en cada camino por separado nos tocó vivir. No es sano que las mujeres tengamos que perder nuestros sueños por el histórico machismo de que solo vinimos al mundo para ser madres.



Deja tus comentarios aquí: