No tengo 23, pero no soy un despojo

Hace años un famoso comunicador, de esos en quienes admiramos la intelectualidad acompañada de una de las mejores voces del continente, me sorprendió al decir que, con sus sesenta y pico de años, para él una mujer vieja era mayor de 23. No me cabía en la cabeza que un hombre tan letrado considerara que solo valemos si somos jovencísimas, pues ni en sueños él tendría una relación con una “vieja”.

Me afectó, no porque yo tuviera treinta y algo, sino por la forma insólita en la que un hombre inteligente –les aseguro que todos están de acuerdo en su brillantez, pero por delicadeza no revelo su nombre- define la edad como el primer atributo que deben cumplir sus potenciales parejas.

Como obviamente la edad no es estática, sus parejas pueden mantenerse en su vida un máximo de un quinquenio, suponiendo que comienza con ellas cuando tienen 18 añitos, es decir que podrían hasta ser sus nietas.

Indignada ante la sensación de ver que nuestra mujerabilidad era reducida al tiempo que llevamos respirando en este cuerpo, pregunté casi gritando ¿por qué?

No recuerdo la sonsa respuesta, pero lo lamentable es que no es un caso aislado y curioso, muchos son los que desean andar hasta agarrados de manos con una “niña linda”. Entonces, para conquistarlos o retenerlos, muchas de mis congéneres son capaces de someterse a cuanta opción estética y quirúrgica exista para retener la idolatrada juventud.

La paradoja está en que nunca antes se había logrado llegar a esperanzas de vida de hasta 75 años, pero nadie quiere envejecer ni mucho menos andar con viejas. Muchas se quitan la edad, otras no la revelan ni al seguro de vida y la gran mayoría sufre un ataque de pánico cada día de su cumpleaños. En fin, la línea de segundos ininterrumpidos entre el instante que nacimos y el presente tiene valor si y solo si somos jóvenes, lo que significa que, al menos, las tres terceras partes de nuestras vidas las pasamos angustiadísimas porque estamos perdiendo la lozanía y el chance de que nuestro hombre se mantenga a nuestro lado.

Es cierto que los hombres no se quedan atrás con lo de la angustia de envejecer y es exactamente aquí donde tenemos que reflexionar. ¿Qué significa ser joven? ¿Qué significa ser “de cierta edad”? ¿Por qué consideramos que la belleza solo es posible sin arrugas? ¿Queremos vivir muchos años, pero sin que pasen los años?

No estoy en contra de cuidarnos para mantenernos lo mejor posible e incluso hacernos algo para lucir mejor, eso es necesario para sentirnos bien con nosotras mismas, pero la obsesión por la eterna juventud y el trato despectivo a quienes se les nota la edad los considero una falta de respeto hacia nuestra capacidad de vivir, a la bendición de evolucionar y madurar, que solo se logra si vivimos intensamente, reímos, lloramos, corremos, trabajamos y, por ende, nos arrugamos.

Las mujeres somos mucho más que un número de años y nos somos un despojo por no tener 23.

 



Deja tus comentarios aquí: