Tengo que dejarte, necesito migrar

Tengo que dejarte, necesito migrar

Tengo que dejarte, necesito migrar a pesar de no querer dejar mi gente, mis cosas, mi espacio, mi territorio. Duele y mucho, sin embargo, muchas veces olvidamos que movernos, trasladarnos en el espacio físico, es parte del estar vivos, y comienza muy temprano en nuestras vidas, en el vientre materno. Los seres humanos somos concebidos y crecemos en una cálida cavidad que nos cobija y alimenta por nueve meses. Al igual que una semilla que se abre paso a través de la tierra, dejamos el entorno acuático para hacer nuestra la tierra que habitaremos. Somos seres de tierra, venimos a habitarla y en ella nos ponemos de pie, crecemos y morimos compartiendo con ella la fertilidad, la capacidad de movimiento y el maravilloso potencial de cambio y transformación

Tierra es el material que compone el suelo utilizado para la siembra; tierra son los continentes rodeados de agua, y tierra también, nuestra casa planetaria. Llamamos nuestra tierra al lugar donde nacimos: pueblo, país y también el continente donde germinó la semilla de nuestros antepasados y crecieron nuestras raíces. Es esa tierra que nos ve nacer, pequeño terruño o gran territorio, que ancla nuestra nacionalidad y nos provee del equipaje más significativo para nuestro futuro. Es un equipaje intangible, con una presencia inequívoca y profunda en cada uno de nosotros, que viene cargado de un idioma, costumbres, miradas, caminos y referencias que van creciendo con el tiempo conformando nuestra más importante herencia de vida.

De esta manera, el equipaje que recibimos al nacer en una familia, una tierra, un país, nos define como individuos de una nación, una región, incluso un continente. Por ello, escuchamos expresiones como: “en esta tierra son luchadores”, “la gente de esta tierra baila al caminar”, “en este país cantan al hablar”, “tierra de guerreros”.

Pero sin duda, la cualidad más trascendental de la tierra la brinda nuestro planeta cuando nos muestra, con su movimiento permanente de rotación y traslación, que nada es estático y que aun en las cosas sin aparente movimiento, este siempre está presente. Así mismo en los seres vivos, aun de manera imperceptible, mientras haya vida habrá movimiento, desplazamientos y cambio.

Santos López en Agua de mis ancestros con el poema Mi abuela me enseña la tierra dice:

“El norte nunca ha estado en el mismo sitio. El sur ya no es el sur. El oeste quedaba aquí y el este ahora es occidente. Hijo, los sitios se renuevan”.

Así es, los sitios se renuevan, y los seres humanos también cambiamos y nos transformamos, por lo que es imprescindible no resistirnos si queremos avanzar en bienestar. En ese renovar, necesitamos considerar la gran movilidad que hoy en día caracteriza la vida de las personas, pues ya no estamos como en siglos pasados confinados a un pueblo o una ciudad. Hoy podemos desplazarnos a cualquier distancia entre países y continentes, y relacionarnos con diferentes culturas, conocer y establecer nexos de amistad, de trabajo y afectivos. Al desplazarnos en pocas horas de un continente a otro, podemos constatar, desde una vivencia real, que somos parte de un macrosistema llamado mundo totalmente interconectado e interdependiente.

Necesitamos plantearnos, entonces, que aun cuando nuestras raíces estén sembradas en alguna “tierra particular», hoy más que nunca somos ciudadanos del mundo. Independientemente de donde nacimos y crecimos, lo más importante es donde estamos hoy, y para eso es fundamental tender puentes que conecten lo tuyo y lo mío, lo nuestro y lo de ustedes, mi realidad y la tuya; tender puentes para una comunicación abierta, sincera y afectuosa basada en la confianza, el respeto, la congruencia, manteniendo siempre presente que la vida es cambio y transformación.

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Al final, muchas y diversas pueden ser las razones por las que me encuentro hoy en una tierra que no es la mía de origen. Sin embargo, al estar aquí hoy y asumir que solo puedo vivir en el presente, necesito recordar que en la rueda del movimiento incansable de nuestro planeta y de la vida misma, yo también me muevo, cambio y me transformo al igual que mis necesidades. Lo prioritario es tejer y tender redes de hilos al mundo desde el encuentro, el respeto a las diferencias, la amistad y el amor.

Tips para el bolsillo de tu vida en movimiento

• Absolutamente nada es estático, ni aun después de la muerte.
• No te resistas al cambio, más bien danza con el movimiento que genera.
• Todo cambio implica algo nuevo, abrázalo, y descubrirás su beneficio.
• Solo existe el hoy, no te lo pierdas pensando y añorando el pasado.
• No importa dónde estés, la calidad de vida la construyes con tu actitud y acciones.
• Cualquier espacio, territorio y entorno es susceptible de ser acondicionado a nuestras necesidades básicas, sin pretender violar su esencia y convertirlo en lo que no es.
• En cualquier lugar donde estés existe un futuro para ti, solo tienes que construirlo con pensamientos, emociones y acciones para ello. En qué conviertes ese futuro es tu decisión y tu elección: será una catástrofe o una gran oportunidad.
• Busca ser feliz con los pequeños momentos y pequeñas cosas estés donde estés: una sonrisa, un atardecer, un abrazo, una copa de vino, una comida.

Imagen de Peter H en Pixabay



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