¿Tengo que hacer un cambio en mi vida?

¿Tengo que hacer un cambio en mi vida?

Los únicos responsables por traer energía positiva a nuestra vida somos nosotros. Hay que decidirlo. Sin embargo, estos cambios vienen muchas veces después de haber tocado fondo.

¿Hay que llegar realmente bajo para poner nuestras manos a la obra? Las crisis nerviosas o producto del estrés son cada vez más comunes, y por eso debemos estar atentos. Aquí te presentamos una lista de cosas que pueden servirte como llamado de que cambio. Si las has sentido, es hora de ponerte manos a la obra.

  1. Todo el mundo “lo hace todo mal, y yo lo hago todo bien”.
  2. Sientes que en tu trabajo todos están en tu contra.
  3. Te molestas mucho por cosas muy pequeñas (“¡¿Por qué mi vecino tiene que reírse tan escandalosamente fuerte con esa basura de televisión que ve?!”)
  4. No te puedes quedar quieto.
  5. Fantaseas demasiado con situaciones que se encuentran lejos en el futuro, como las vacaciones.
  6. Te levantas por la mañana sintiendo cansancio.
  7. Te da miedo sentir soledad toda la vida.
  8. ¿Te encuentras a menudo deseando que llegue a salida del trabajo para salir a tomarte un trago para “relajarte”?
  9. Siempre sientes una especie de opresión en el pecho, o te has acostumbrado a esa molestia en la espalda.
  10. Sientes amargura por cosas que pasaron hace tiempo y de las que no sacaste lo que querías.
  11. Esperas demasiado de las personas que te rodean, que nunca cumplen tus expectativas.
  12. Dices recurrentemente que hay que hacer algo por los demás, pero nunca lo haces.
  13. Ves un producto en el supermercado y piensas “esto no es nada saludable” o “me hará engordar”, pero igual lo metes en el carrito, sintiendo una especie de derrota al hacerlo.
  14. Te encuentras sintiendo secreta envidia por el éxito de tus amigos.
  15. Te comparas demasiado con los demás.
  16. Las quejas sobre tu cuerpo son recurrentes.
  17. Siempre vas al pasado, y piensas “he debido decir esto o aquello”, e incluso encuentras que has construido argumentos sobre algo que, acéptalo, ya pasó, y probablemente nadie recuerda sino tú.

Si sentiste identificación con alguno de estos puntos, es hora de hacer algo. Somos asombrosamente propensos a acostumbrarnos a lo negativo. Todo ese tiempo que inviertes en quejarte o arrepentirte o molestarte es tiempo que muy bien podrías emplear en prácticas como la meditación, llevar un diario, comprometerte con una práctica de agradecimiento diario: la idea es que en lugar de enviar tu energía hacia fuera, la utilices en conocerte mejor, saber qué no te gusta (y alejarlo) e invertir tu tiempo en construir esa persona que siempre has soñado ser.

No te imaginas lo bien que se siente ¡Inténtalo!



Deja tus comentarios aquí: