Terror a lo verde; terror a lo fresco

Julie Bass es lo que algunos estadounidenses llaman “patillas”: verde por fuera, roja por dentro. Cierta derecha de ese país, acaso nostálgica de los tiempos del McCarthysmo y traumatizada hasta siempre por The Body Snatchers, llama así a los ecologistas por su presunta intención de instaurar el comunismo tras el velo de un mundo más sustentable, y aunque acciones puntuales de grupos como PETA o Greenpeace tienen buenas cargas de radicalismo, la historia de Julie Bass es distinta.

Su vida en Oak Park, cerca de Detroit, es la de tantas películas: casa en los suburbios, jardín delantero, hijos, esposo, carro y perrito. El problema es que el combo también incluye un vecino neurótico que no quiere ver “patillas”, quien presentó una denuncia ante las autoridades locales para ajusticiar a esa rebelde por violar la ley.

Hace unos meses Julie se cansó de ver grama y flores en su jardín, así que decidió emprender un proyecto personal para aprovechar mejor el terreno bajo el mandato de la alimentación orgánica. Buscó algunas semillas libres de OGM y cultivó tomates, zanahorias, repollos, pepinos y albahaca; todo frente a la fachada de su casa, de cara a la calle.

La idea de Julie fue un éxito. Vecinos y niños pasaban a ayudarla, surgían reuniones espontáneas alrededor de la pequeña siembra y, varias veces a la semana, la familia de Julie y algunos amigos cercanos se daban el lujo de comer una ensalada autosustentable. Todos contentos menos el vecino, tan apegado al artículo del código de la urbanización que habla sobre los jardines frontales, donde sólo se puede tener material vegetal vivo y apropiado. El problema está en el último adjetivo.

Julie le abrió la puerta a un oficial, se negó a mover su huerto y recibió una multa. Julie la pagó, se negó a mover su huerto y recibió una demanda. Julie la leyó, se negó a mover su huerto y recibió una citación para ir a la corte local. Julie va a juicio. En eso está ahora.

En declaraciones a la cadena de televisión ABC la mujer defendió su derecho a mantener vivo el proyecto, básicamente porque nada le indica que las zanahorias, por ejemplo, sean inapropiadas. La decisión estará en manos del jurado, que podría darle hasta 93 días de prisión, según han señalado algunos medios de Detroit.

Desde el punto de vista legal es válido y necesario discutir el término “adecuado”, pero más allá de eso también cabe preguntarse cómo algunas personas se relacionan con lo verde y fresco. La elección de alimentos procesados no obedece sólo a variables de precio, también es un gesto revelador de cuán lejos queremos estar del origen de las cosas e incluso se remonta a los propios inicios de la industrialización alimentaria, cuando los enlatados, las carnes saladas y las conservas llegaron para postergar el hambre (todo podía durar más), pero también para alejarnos progresivamente de animales y vegetales en su estado primario. El llamado no es a dejar las ciudades por las granjas, que el hippismo se quede donde está. Basta con que de vez en cuando recordemos que antes de ese jamón hubo un cerdo y, al lado de ese cerdo, un granjero. Por algo se puede comenzar.

Si quieren mantenerse al día del caso o mostrar apoyo, Julie abrió un blog que actualiza con frecuencia: http://oakparkhatesveggies.wordpress.com/

 



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