Tiempo fuera

La vida está llena de sucesos, parafraseando a la maestra Margarita Montero, pero depende de cada uno de nosotros como afrontemos dichos eventos. La clave es la actitud con la que abordemos las diversas situaciones que se nos van presentando.

Sin embargo, hay momentos en los que nos podemos sentir colapsados, con las aguas revueltas, sensibles y aún así la vida continua y no hay oportunidad de revisar qué pasa con nuestras emociones.

El tiempo fuera nos conecta con un espacio sin tiempo, un momento de reencuentro con nosotros mismos. Es el espacio necesario para que las aguas se calmen y puede ir desde tomarte unos días en un espacio natural como unos minutos al día para no pensar en nada.

Pero sin duda es esencial. La mente siempre va a inventarse cosas, y dichas cosas para la mente nunca se acaban. El alma y el espíritu requieren otros tratamientos al igual que el cuerpo. Aunque lo físico obedece a las indicaciones del cerebro, el cuerpo tiene su propio lenguaje.

Por ello cuando hay que parar porque vas demasiado rápido en la vida, y ya el cuerpo te ha mandado señales de que casi fundes el motor, entonces paras a la fuerza con una gripe o algún otro malestar. El cuerpo siempre avisa que requieres un tiempo fuera.

La gran alma tiene un lenguaje diferente, mientras más pensamientos más te distraes del “Percatarte”, “del palpar” del reconocer con profundidad lo que te rodea. No separa, solo fluye y nos conecta.

El tiempo fuera, el escucharte, te hace entrar en dimensiones más sutiles de consciencia incluso diferentes a lo que has conocido. Esa paz que surge de estar minutos en silencio puede ayudarte a tomar decisiones desde la armonía y no desde la rabia u otra emoción que no te has dado el permiso de manejar con paciencia.

Importante que revises tus patrones de lucha, de querer hacerlo todo sin disfrutar el tiempo presente.

Si necesitas tomarte unos minutos, unas horas, unos días, unos meses para reencontrarte con el placer de estar vivo(a), hazlo en armonía. Somos seres integrales y la salud comienza con escuchar qué nos dice cada parte de nosotros. La mente viaja a una velocidad y el cuerpo y el espíritu a otras. Buscar el equilibrio es la clave.



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