Todo el mundo te trata mal

Mira a tu alrededor, dicen que somos el promedio (en términos  emocionales y económicos) de las cinco personas más cercanas que tenemos a nuestro alrededor. 

En tu caso, ¿quiénes son esas personas? Tal vez sean tus compañeros de trabajo o tu familia o tus mejores amigos. 

¿Cómo son esas personas? ¿Es gente que te inspire, que te llene de energía, y que a pesar de los retos del camino están felices con su vida?

 

En primer lugar tengamos en cuenta que no es obligación de los demás darnos felicidad ni inspirarnos ni llenarnos de energía ni nada, eso es responsabilidad nuestra. Pero el tema está en que de acuerdo a cómo nos tratamos a nosotros mismos y a lo que hacemos de nuestra vida será lo que reflejemos en nuestras relaciones y cómo actuará el entorno al respecto.

Varias  personas me comentan constantemente que en el trabajo, en casa o en donde sea que desarrollen sus diferentes roles se sienten maltratadas, que no se les valora e incluso pasan por encima de sus derechos y de sus opiniones. Entonces, yo inmediatamente les pregunto: ¿cómo te estás tratando a ti misma?

Nadie se mueve en un espacio donde sabe que no puede moverse. Si los demás actúan de la manera que lo hacen con respecto a ti, es porque tienen claro que pueden hacerlo, de lo contrario te aseguro que no lo harían. 

¿En qué momento, en qué lugar y de qué manera les has dado ese mensaje implícito de que tienen permiso para hacerlo? A continuación te enumero algunas de las posibles causas.

  • Hablas mal de ti misma porque resulta gracioso.

El hecho de bromear sobre tu persona y sacar a relucir tus pequeños fallos porque quieres resultar entrañable, tipo “soy un poco burra, qué desastre que soy, no sirvo para x/y cosa (acompañados de un infaltable ja, ja, ja, ja)”. La intención seguramente es reírte un rato mostrando tus debilidades para que los demás vean lo “humana que eres» y sientan empatía, pero no. Esto no funciona así, porque podrás resultar graciosa sí, pero cuando el hablar mal de ti se hace costumbre, estás ofreciendo una invitación abierta, pública y desenfadada a que todo el mundo lo haga.

  • Depender de los demás para hacer lo que deseas.

Esperar que el calendario, el reloj o las ganas del otro coincidan con las tuyas  para hacer algo porque no te atreves a empezar sola. Esto te coarta la libertad, te hace dependiente y seamos sinceros, por más instinto gregario que tengamos los seres humanos, a nadie le gusta tener a otra persona detrás esperando y pidiendo en silencio que uno le dé algo. Lo más probable es que al otro le cause estrés, fastidio y tenga ganas de librarse de ti.

  • Callarse para no entrar en conflicto.

¿Crees que si te callas la boca “para no discutir” evitarás un conflicto? Seguramente lo evitarás en el exterior, pero esa energía contenida tiene que ir a alguna parte y cuando esto ocurre te la tragas tú solita. Lo malo es que lo sabes, puedes sentir la rabia, la impotencia de no haber hecho valer tus opiniones y puedes notar cómo sale por tu cuerpo en forma de algún dolorcillo o de mal humor o de caries de tanto “tragar” las cosas.

  • ¿Hablarías a tu mejor amigo como te hablas a ti?

Seguramente no, y si lo hicieras, lo más probable es que dejara de ser tu amigo, a no ser que se trate de  alguien con serios problemas emocionales. Entonces, si no lo haces con tus amigos más queridos, ¿se puede saber por qué lo haces con tu persona?

En resumen, culpar a las personas que están a tu alrededor por cómo te tratan es bastante inútil, pero sí que te va a servir para observar:

  • Qué te estás haciendo a ti misma.
  • Para qué te lo estás haciendo.
  • Qué falta/necesidad estás cubriendo, aguantando y  rodeándote de un ambiente en el que no estás cómoda.
  • Qué puedes hacer para cambiar eso que te muestran y que no te gusta.
  • Cómo te puedes tratar mejor, ser amable con tu persona y así reflejarlo al mundo.

 Ámate mucho, tanto como amas a las personas que más amas.

¡Un abrazo!

Candela



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