Todo fluye

Hoy me tomaré la libertad de tomar prestado uno de los principales legados de Heráclito de Éfeso: todo cambia, nada permanece. Así como la Tierra está en constante movimiento, el ser humano también. No sé si ustedes sienten lo mismo, pero cada vez que alguien me dice que he cambiado me siento en paz. Si no hay cambio, no hay evolución.

Los cambios son naturales e inevitables. Creo firmemente en la idea de que todos los días somos un nuevo ser. En primer lugar, nuestro cuerpo experimenta cambios de forma progresiva. Uno no se despierta de un día para otro con el cabello más largo, más o menos peso, canas o arrugas. Todo sucede poco a poco y en silencio. Muchas otras variables entran en juego: cada experiencia, cada libro, cada canción, cada pieza de arte y cada persona que pasa por nuestra vida se integra al collage de nuestra personalidad y modifica nuestra forma de ser.

Hace poco leí en una página web sobre bienestar emocional una frase de esas que te dejan pensando por un rato: “Puedes negarlo o aceptarlo, pero no puedes evitarlo”. Entonces me pregunté: si el cambio es natural, ¿por qué le tememos tanto? Según la psicóloga Silvia Russek, los cambios generan un estado de angustia para las personas por temor a no saber cómo manejar situaciones nuevas, por miedo a equivocarse, a ser criticados o a perder control sobre sus propios sentimientos.

Delia Steinberg Guzmán, escritora, filósofa y música española, muestra una visión interesante sobre el tema y asocia este temor a la intimidación que provoca la idea de salir de zona de la confort. Ella explica que, como se ha dicho en muchas oportunidades, el hombre es un animal de costumbres. Además, los individuos tienen muchos “amos” que lo adiestran con ciertos hábitos que le dan una sensación de seguridad. Cambiar esas costumbres inspira temor.

¿Qué se puede hacer para evitar el desasosiego? No existe una fórmula infalible, porque cada persona es distinta. Sin embargo, Russek recomienda que se debe empezar por analizar la actitud propia ante situaciones nuevas, preguntarse si generan angustia y evaluar la concepción que se tiene sobre sí mismo para poder modificar posibles problemas de autoestima. Por otra parte, la psicóloga recuerda que la mayoría de nuestros temores son imaginarios o exagerados y que muchos de ellos están sustentados en juicios equivocados, suposiciones carentes de bases o mitos culturales generalizados que se convierten en obstáculos entre el individuo y sus metas.



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