Todo pasa

El bebé tiene unos días de nacido. Los padres primerizos están ojerosos, cansados, borrachos de sueño, llenos de dudas y se preguntan si están haciendo las cosas bien. La abuela, que está unos días ayudándolos, les dice calmadamente: “tranquilos, todo pasa”.

¿Suena familiar? Seguramente. Con matices y variantes, pero la mayoría pasa por momentos así.

Durante nuestra vida, vivimos muchos momentos difíciles, exigentes, donde no vemos soluciones o están muy lejanas, y mientras, sentimos que los cargamos como si fueran a instalarse en forma permanente con nosotros. Nos sentimos agobiados. Vemos al resto de las personas con una cierta envidia, ya que ellos parecen ajenos a problemas como los nuestros. Incluso, imaginamos que NO tienen problemas, que son gente feliz. ¡Se ven TAN despreocupados! A veces, no se trata exactamente de un problema, sino de un tiempo de inactividad forzada por salud, espera de alguna respuesta, desocupación, lapso antes del inicio de clases. Nos desesperamos, nos entra angustia. Puede que nos encontremos comiendo carbohidratos o dulces descontroladamente. Ideas limitantes nos invaden. Nos paralizamos. Luego, llega el fin de ese período: nos curamos, nos sacan el yeso, nos dan el OK al proyecto, nos llaman para cubrir una vacante, estamos frente al edificio de la universidad listos para emprender esa nueva etapa. Miramos hacia atrás y vemos que hemos desperdiciado, perdido un tiempo en nada y para nada, viviéndolo con una carga emocional negativa, destructiva, que nos agotó y tal vez… ¡hasta nos engordó!

Hago un alto, porque a veces, hacer nada es excelente. Simplemente disfrutar ese momento. Sin culpa, sin cuestionamientos, sin exigencias. Nuestro cuerpo agradece ese período en que recupera fuerzas. Pero es necesario asumirlo, aceptarlo, y disfrutarlo.

Cada día, y particularmente durante esos períodos, debemos centrarnos y enfocarnos en el presente. Sentir nuestro cuerpo. Tomar contacto con él. Estar atentos a nuestra respiración. Esto, como sabemos, nos ubica de inmediato en el presente. ¿La ventaja?

No nos perdemos en los molinos de nuestros pensamientos. Vemos la vida en perspectiva. Incluso, podemos apelar a nuestra propia historia personal, donde momentos como esos fueron superados. Donde simplemente ESO PASÓ. Seguramente salimos fortalecidos, listos para enfrentar el siguiente reto en nuestra evolución y crecimiento. Y siempre podemos actuar inteligentemente y utilizar ese tiempo para dedicarnos a aquellas asignaciones pendientes que pasamos de semana en semana en nuestras agendas y vamos arrastrando sin emprender. Cuando las cumplimos, un profundo alivio nos acompaña y nos damos cuenta que fue mucho más oneroso no enfrentarlas.

Te propongo estar alerta frente a esos momentos que aparentan ser negros, para detectarlos y recordarte que “todo pasa”. Convertirlos en una experiencia más, que es lo que realmente ellos, en definitiva, son. Y, adicionalmente, preguntarte siempre ¿qué es lo que tengo que aprender de esto? Recuerda: no es lo que pasa lo que te afecta, sino la manera en que lo enfrentas y las energías que están involucradas. Cuando recordamos estos conceptos, la vida se nos hace más sencilla.

Disfruta Cantares, por Joan Manuel Serrat.



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