Toma de decisiones: postergar cuesta caro

Toma de decisiones: postergar cuesta caro

Reza un dicho popular que la peor decisión es la que no se toma. Esto aplica perfectamente para los ejecutivos que, en ocasiones, postergan la toma de decisiones a cambio de beneficios aparentes que terminan afectando su gestión y convirtiéndose en su peor enemigo.

Para ilustrarlo, quisiera contarte la historia de Andrés, un líder de equipo que manejaba información sensible para su grupo de colaboradores, pero que decidió no comunicarla para no desmotivarlos. Pasaron los meses, y cuando fue inevitable que la noticia se develara, sus colaboradores supieron que Andrés lo sabía desde hacía meses y se resintieron con él.

Al momento de analizar las razones de esta postergación de toma decisiones, son varias las motivaciones que salen a relucir.

La primera de ellas es pensar que, como líderes, los ejecutivos están participando en un concurso de popularidad ante su equipo de trabajo. El afán por ser queridos por sus colaboradores puede llevar a los ejecutivos a posponer decisiones difíciles para protegerlos de supuestos efectos negativos para ellos. Esa postergación, a la larga, resulta con consecuencias más dañinas para el equipo que haber decidido desde el comienzo.

Lo que subyace de esa procrastinación de la decisión de cara al equipo de trabajo es la creencia limitante de que “no es adecuado hablar de las malas noticias a tiempo”, algo que no es cierto, y que impide que los colaboradores desarrollen su capacidad de resiliencia, esto es, salir fortalecidos ante la adversidad.

La segunda causa que impide a los líderes tomar decisiones oportunas tiene que ver con lo que llamamos “parálisis por análisis”. En este caso, la necesidad de tener bajo control todas las variables genera en el líder una sensación de inseguridad tan grande que le impide tomar una decisión esperando a que sea el momento perfecto y que todos los elementos estén perfectamente alineados con el beneficio aparente de reducir a su mínima expresión los riesgos de fracaso.

En tercer lugar, algunos ejecutivos pueden retardar la toma de decisiones difíciles a partir de un concepto errado de equidad. En algunas ocasiones, motivados por el deseo de mostrar una imagen de igualdad de oportunidades para todos los miembros del equipo, los líderes evitan potenciar las habilidades de cada uno de los miembros del equipo, y colocan a los menos capacitados para tareas retadoras que los más adecuados para llevarlas adelante manejarían con mayor éxito.

Si bien se trata de una costumbre útil como forma de entrenar y de conformar equipos, esta práctica debe mantenerse puertas adentro del equipo, pero permitir brillar a cada uno de los miembros en aquellas actividades en las que son mejores.

Ante una decisión difícil, y luego de analizar por un tiempo prudencial las diferentes alternativas, llega el momento de seleccionar la mejor opción, con el menor costo de oportunidad y de la manera más rápida posible.

Toma en cuenta tu intuición, evalúa todas las aristas e implicaciones de la decisión y elige de forma consciente la que tenga menores consecuencias negativas para el equipo completo.

Siempre será preferible equivocarse y rectificar a tiempo que dejar de tomar una decisión esperando que las condiciones ideales estén dadas (más aún en el mundo actual que crece de manera acelerada).

Tus colaboradores y tu trayectoria como líder lo agradecerán.



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