La relación con tu bebé tras el parto

La relación con tu bebé tras el parto

Hace un tiempo atrás tuve la oportunidad de asistir el embarazo de una adolescente quien fue víctima de abuso sexual. Desde la primera consulta, su actitud era de total rechazo hacia el feto que estaba gestando, hasta pensar en abortar. Ante tal situación, solicité evaluación por un equipo multidisciplinario conformado por un psicólogo, una nutricionista, una trabajadora social, así como asesoría legal por el consejo de protección del niño y adolescente de mi país. A medida que avanzaba el embarazo, nuestra expectativa iba in crescendo en relación a cuál sería la actitud de esta madre precoz al ver su bebé por primera vez. Para sorpresa de todos, nuestras dudas y temores fueron disipados de manera instantánea, como si se pasara un switch, cuando tuvo el recién nacido entre sus brazos. Su instinto materno pudo más que sus temores y su frustración por lo sucedido y la aceptación del bebé fue inmediata.

El puerperio es el período de ajuste que sigue al parto en el cual los cambios anatómicos y fisiológicos del embarazo se revierten y el organismo retorna al estado que tenía previo al mismo. Tradicionalmente, el puerperio se extiende a lo largo de las primeras 6 semanas de postparto, período de tiempo que se ha mantenido desde tiempos bíblicos.

Durante el puerperio no solo ocurren cambios físicos y funcionales en la madre, sino que también se profundiza la relación entre la madre y el recién nacido que ya ha comenzado desde antes del nacimiento. Es una etapa en donde el binomio madre-hijo se estrecha gracias al aumento de la sensibilidad de la mujer. Comienza el contacto visual y físico el cual se establece a través de las caricias, besos, abrazos de la madre al bebé. Muchas veces existen factores que pueden interferir en el establecimiento temprano de esta relación, como lo es el retraso en la aparición de la respuesta instintiva, problemas psicológicos, preparación inadecuada de la mamá como ocurre en adolescentes, alguna enfermedad en la madre o el bebé que los mantenga separados en el centro de salud.

En ocasiones, el establecimiento de una buena relación madre-hijo puede no ser del todo satisfactoria, sobre todo en madres muy jóvenes, que sufran de alguna enfermedad, que no hayan deseado el embarazo, que han sido abusadas sexualmente durante la infancia, que mantengan una relación inadecuada con su pareja o que cursen con trastornos psiquiátricos. Lo importante en estos casos es detectar el problema y tratarlo a tiempo derivando al paciente a un centro de salud mental.

La maternidad es un hecho instintivo sin duda, pero también es cierto que lleva implícito una dosis de conductas aprendidas, muchas de ellas adquiridas durante su propia infancia con los cuidados recibidos de su madre. Es frecuente que, en nuestra cultura, la  madre sea acobijada por sus familiares y amigos en esta nueva experiencia, lo cual la hace más llevadera. Durante esta etapa de estrés la madre busca apoyo en el ambiente que la rodea. En algunos centros de atención, la evaluación del ambiente en el cual permanecerá la mamá y el recién nacido forma parte de su labor. Allí se evalúan aspectos tales como si la madre está capacitada para atender por sí misma al bebé, si existen factores religiosos o prácticas culturales que puedan interferir en su vida cotidiana, también si ésta puede retomar su trabajo y si es así, cuándo.

En conclusión, el puerperio es una etapa en la vida de la mujer en la cual ocurren una serie de cambios anatómicos, fisiológicos y psicológicos que requieren comprensión y apoyo por parte de todos los familiares más cercanos que rodean a la nueva mamá para beneficio de ella y del nuevo integrante de la familia: el recién nacido. 



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