Trazos y retazos

Entre mis costumbres más arraigadas se encuentra la de “diseñar” cronogramas y garabatear ideas en hojas de papel. Sin importar la cantidad de aparatos tecnológicos que posea me resulta una terapia deliciosa. Intento de manera infructuosa que las líneas queden rectas, las hojas de reciclaje se convierten en campos de batalla cromáticos donde impera el caos de una mente que busca orden para sus ideas.

Haciendo memoria la fascinación por este trabajo manual puede tener su raíz en la casa de mi infancia. Crecí en un apartamento en Sarría, Caracas, allí convivían libros de Carlos Marx y Teodoro Petkoff con manuales de nutrición, las maquetas de mi tío que estudiaba arquitectura y el jardín mágico de la abuela. Aunque en los tiempos del liceo preferí jugar pelota e´goma en el Parque Carabobo que hacer cualquier asignación de dibujo técnico, he de confesar que en lo más recóndito de mi alma me gustaría tener la precisión del tío Eduardo con las escuadras frente al papel.

El recuerdo de la mesa de dibujo blanca que estaba en la entrada del apartamento es recurrente cuando tomo el lápiz, los colores y la regla con el objeto de dibujar líneas que jamás han quedado rectas. ¿Será una manera de honrar la infancia? Influido por el libro de pintores universales de mi abuela he tenido cual Picasso períodos o etapas, a principios de siglo dominó el azul y el rojo de los lápices bicolores, aunque la mayoría de las veces tiendo a usar una amplia gama cromática con sus respectivas leyendas según el proyecto.

Quizás quise ser pintor y en los garabatos encontré la mejor manera de expresión. Al revisar esas “obras de arte” tropiezo con retazos de mi ser. La palabra retazo se ajusta perfectamente a la calidad de mis creaciones, son como pedazos sueltos de ideas. Pensamientos coloridos y desordenados que en algunas ocasiones logran coherencia y armonía visual. Disfruto ese caos inicial, dejo que se exprese y me expreso a través de él. Cuando olvido esa última premisa y me enfoco en resultados la cuestión se vuelve monocromática. Obviamente que la vida es a ratos multicolor y en momentos unicolor, el asunto es conocer desde que lado nos sentimos cómodos a nivel personal.

Para este mortal criado en Sarría es fundamental que los trazos iniciales queden torcidos mientras se organizan las ideas y los retazos invadan el papel de reciclaje como les provoque. Luego, al igual que la abuela con su máquina Singer, las coseré según el patrón que diseñé en la mesa de dibujo blanca que es mi cerebro.



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