Tres lecciones que aprendí meditando en un monasterio japonés

Tres lecciones que aprendí meditando en un monasterio japonés

Cuando tomé mi primera clase de reiki (una práctica conocida por las terapias de sanación con las manos), no tenía idea de que descendía del budismo esotérico japonés. Con el tiempo, conocí profesores que habían ido a Japón para descubrir los verdaderos orígenes del reiki, y esto despertó el deseo de experimentar esta práctica milenarias en persona.

Como soy un poco gallina, no me atreví a conectar con el lado más esotérico donde te obligan a meditar bajo cataratas de agua helada o te cuelgan de un barranco mientras cantas sutras. Escogí un monasterio zen llamado Chokai-san International Zendo en el medio de la nada. No exagero. Cuando fui a comprar mi ticket en las oficinas de Japan Railways, el pueblo donde quedaba el monasterio era tan remoto que la señora no lo conseguía en la computadora.

Chokai-san enseña zazen (meditación zen) y budismo en inglés y japonés a gente de todo el mundo. El abad, Joko-san, estudió en el famoso monasterio de Eihei-ji, en las afueras de Kioto. Con más de 40 años de meditación en su haber, me enseñó muchas lecciones durante las semanas que pasé en el zendo. Comparto contigo las tres que transformaron la forma en que medito:

No te sientes a meditar solo por ti, medita junto a todos los seres vivos

Mientras más esperamos de nuestra práctica de meditación, más comenzamos a medir nuestro progreso y a comparar (hoy no estuvo tan bien, a ver qué pasa mañana, etc.). Así aumentamos nuestras preocupaciones en vez de desarrollar ecuanimidad. Joko-san repetía todo el tiempo: “No te esfuerces tanto a la hora de meditar, simplemente disfruta el acto de respirar, de que estás viva y que estás compartiendo con todos los seres vivos”. El cambio que noté fue sorprendente. Meditar se me hizo más fácil y más placentero.

Mantén tu postura firme; tu mente y tu corazón, flexible

Para ser un monje zen, Joko-san era muy relajado… menos cuando se trataba del ritual de zazen. Todos lo detalles tenían que ser respetados a la perfección. Durante la cena, nos explicaba que los rituales zen pueden parecer rígidos, pero esta rigidez les daba una estructura sólida para anclar el cuerpo y así poder abrir la mente. “Nathalie-san: tenemos rituales rígidos, pero mentes abiertas. Otras personas parecen más relajadas porque sus rituales no son disciplinados, pero, en realidad, sus mentes están cerradas”.

Medita con los ojos entreabiertos

Siempre he meditado con los ojos cerrados. Me ayuda a concentrarme. Pero al cerrar los ojos, separaba mis dos mundos: el de la meditación y el de mi día a día. Meditar con los ojos entreabiertos es difícil al principio, pero como todo en la vida, una vez que lo haces por unos días se vuelve un hábito. Ahora, cada vez que me topo con un gentío, mucho ruido o empujones, factores que me estresan mucho, comienzo automáticamente a respirar como en la meditación zen y a sentir calma interior. Meditar con los ojos entreabiertos funcionó, para mí, como un puente entre la meditación y la vida.

El Chokai-san International Zendo recibe a todas las personas que desean aprender las prácticas zen, que incluyen meditación, canto de sutras y desayunos ceremoniales.

Image by Pexels from Pixabay 



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