Tu cerebro militante

Tu cerebro militante

¿Cómo es posible que alguien sea capaz de creer en algo falso? La pregunta podemos aplicarla a ideologías, religión, deportes o política. Si alguna vez te has devanado los sesos para entender por qué hay gente militando en causas absurdas, es momento de echar un vistazo al cerebro.

Ese órgano húmedo y fascinante, encerrado en una bóveda ósea, es una suerte de supercomputador que corre básicamente sobre programas que escapan a nuestro control conciente. De hecho, nuestro cerebro ejecuta la mayor parte de sus actividades sin que intervenga la conciencia.

En su fascinante libro Incognito, David Eagleman explica que esto es posible gracias, entre otras cosas, a la memoria implícita almacenada en el cerebro. Esta es información ya procesada a la cual no tenemos acceso de forma explícita. Una de sus manifestaciones es la memoria procedimental. Montar bicicleta y estacionar el auto mientras hablamos por celular son algunos procedimientos que hacemos sin pensarlo demasiado: no tenemos conciencia de todas las acciones que ejecutamos, pero tampoco caemos al piso o abollamos el parachoques (generalmente).

¿Qué tiene esto que ver con la militancia? Otra de las manifestaciones de la memoria implícita es el efecto de la ilusión de verdad: es más probable que creamos en una idea que hayamos escuchado antes, sin importar que sea verdadera o falsa. Por eso al escuchar un slogan varias veces la mente lo acepta como una verdad. Y si además se alinea con el sistema de creencias, más rápido.

El truco se hace más efectivo gracias al efecto de la simple exposición: si hemos visto una cara, en un futuro evaluaremos a esa persona como alguien atractivo, incluso si no recordamos haberla visto con anterioridad. Este efecto obra maravillas para marcas comerciales y campañas electorales.

En otras palabras, la memoria implícita siempre está allí, influenciando nuestra percepción del mundo. El cerebro procesa la información y nos hace ver la cosas de determinada manera, sin que lo sepamos conscientemente.

Coloquemos bajo esta luz a fanáticos religiosos, militantes de partido político o hinchas de fútbol. Sus cerebros generan una visión del mundo que ellos creen estar generando, pero en realidad, es la mente la que está generando sus creencias.

Una mente que bajo control, y no precisamente de la conciencia.



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