Tu derecho a ser feliz

Glenda Travieso es autora del libro Sanar es una elección, conoce tu depresión y aprende cómo superarla, de Ediciones Inspirulina. Para conocer más de su libro, haz clic aquí.

No somos nuestros pensamientos, ni nuestras emociones, ni siquiera nuestro cuerpo físico, aunque el ego así nos lo quiera hacer creer.

Si tu vida actual no es el reflejo de lo que realmente deseas para ti, es porque quizás has estado inconsciente durante mucho tiempo, permitiendo que los “dioses del mal”: el miedo, el rencor, la rabia, el egoísmo, la ansiedad, la tristeza, la envidia, la autovictimización te conviertan en su esclavo. Has permitido que estos invadan tu mente y tu corazón, adueñándose de tu alma.

Has permanecido mucho tiempo identificándote con los falsos sentidos de la realidad. Has permitido que estos entraran cual termitas en los tejidos de tu alma para devorar su esencia vital.

Nuestra alma ansía experimentar el verdadero sentido de la realidad que sabe que existe en alguna parte. Por eso quizás desde hace algún tiempo vienes sintiendo que tu vida necesita un cambio. Por eso estás hoy leyendo este artículo. Has iniciado tu búsqueda de la verdad. Tu Ser quiere que reconozcas la chispa divina que yace en tu corazón para que seas capaz de acceder a una vida llena de plenitud y de gozo, libre de lucha y sufrimiento. Dios se encarga de juntar las almas semejantes para que se ayuden.

Hace mucho tiempo yo también me encontraba igual que tú, haciéndome miles de preguntas y buscando respuestas, pero las buscaba en el lugar y de la forma equivocada, hasta que me di cuenta de que para hallar la felicidad, la verdadera sanación no solo ocurre en el cuerpo físico. Por lo tanto comencé a tomar conciencia e inicié mi proceso de sanación de adentro hacia afuera. A partir de ahí mi vida se comenzó a iluminar. Cuando nuestra conciencia está totalmente absorbida por los mandatos del ego, difícilmente hallaremos el camino hacia nuestro crecimiento espiritual, pero si al contrario nuestra conciencia está expandida, nuestra oscuridad se transformará en luz mucho más fácilmente.

Durante el transcurso de la vida nuestro Ser busca desesperadamente salir a la luz para ayudarnos a que nos conectemos con la divinidad, con la esencia de Dios que hay en cada uno de nosotros. De seguro ha habido momentos en tu vida en los cuales has permitido que esta inteligencia superior se muestre, y en los que has experimentado momentos llenos de gran alegría y gozo. También probablemente estos han durado poco. Esto sucede porque irremediablemente nos dejamos atrapar por el ego, volvemos a nuestra vida caótica y llena de incredulidad y nos convencemos o nos limitamos a creer que solo tuvimos “un golpe de suerte”.

A veces nuestra mente está tan caótica que aun cuando estemos experimentando un momento de felicidad, en lugar de disfrutar al máximo y anclarnos al momento presente, estamos angustiados pensando: “Esto es demasiado bueno para ser verdad” o “Seguro que esta alegría terminará pronto, la felicidad no es para siempre”, y así muchos otros pensamientos cargados de miedo y negatividad.

Desde nuestra comprensión humana, nos es difícil entender que la felicidad no radica en un momento de alegría fugaz, sino que por el contrario somos sus creadores a través de nuestros pensamientos y emociones y con nuestra actitud diaria ante la vida.

Estamos aquí para ser felices, vinimos a aprender y a experimentar, por lo tanto tenemos el derecho y la responsabilidad de asumir el control de nuestra propia vida. El acceso a la felicidad es libre para todos los seres humanos. Nada tiene que ver con lo abultada que sea nuestra cuenta bancaria, con los apellidos que tengamos, ni con los bienes materiales que poseamos, tampoco con las personas que tengamos a nuestro alrededor o que formen parte de nuestra vida. Cada uno de nosotros es responsable de su propia felicidad.

Cuando te des el permiso de conectarte con tu Ser Divino para aprovechar al máximo todos los dones y talentos con los cuales Dios te ha dotado, verás cómo cada amanecer significa una oportunidad única para conectarte con la abundancia ilimitada del universo, pero no desde la caoticidad de tu mente, con los juicios interminables de tu crítico interior, sino desde tu corazón. El mundo tendrá una nueva cara para ti, será como un renacer que verás gestarse a tu alrededor, porque al fin estarás permitiendo que tu alma abra los ojos y contemple la realidad. Te habrás deshecho de toda la frustración y la carga pesada que hasta ahora había significado tu vida.

Al aprender a comunicarnos con nuestro Yo Superior, volvemos a ser uno con Dios, pero no ese Dios impersonal y etéreo que percibimos como muy lejano a nosotros, sino ese que mora en el corazón de cada uno.

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