Tu nueva droga: el movimiento

A veces provoca apagar la máquina. Tanto estrés y preocupaciones en la agenda pueden llegar a tumbarte. La lista va creciendo y al mirar tu entorno en perspectiva son tantos los “temas por resolver” que, indefectiblemente, terminas por rendirte a ellos, dejando que tus días se tiñan de pesar, tristeza, cansancio, frustración o depresión.

Una vez Maickel Melamed me contó que una señora se le acercó mientras entrenaba en una avenida contigua al contaminado río Guaire, que atraviesa la ciudad de Caracas. La señora le pidió consejo para sentirse mejor. El economista, conferencista y deportista con un severo retraso motor estaba concentrado en su entrenamiento, y sólo atinó a decirle: “Señora, aquí tiene el Guaire, y allá tiene el hermoso cerro Ávila. Usted decide qué es lo que quiere mirar”.

Apunto esto no solamente para señalar el coraje y la determinación que ha hecho posible que este hombre haya corrido varios maratones a pesar de su condición física, sino también para apuntar hacia esa característica que puede hacer verdaderos cambios (no me gusta la palabra milagro): la voluntad.

Ante una depresión o malestar, sólo tú puedes decidir si quedarte paralizado, o empezar a moverte. Naturalmente, me inclino por la segunda opción. El movimiento es cambio, y tu cuerpo siempre va a responder de manera positiva. No solamente tu cuerpo: tu mente también, más importante aún.

Hay un momento en el que tu cuerpo, bien sea en medio de un entrenamiento de carreras, sumergido en una clase de natación o en una clase de baile, va a entender (para tu propio asombro) que el dolor es relativo, y que los umbrales del cansancio son mucho más flexibles de lo que creías.

Más pronto que tarde, vas a sentir la necesidad de repetir. Probablemente sea porque el ejercicio puede funcionar igual o mejor que un tratamiento farmacéutico para la depresión. Ahí empieza lo divertido: de repente estarás cuestionando tus creencias y actitudes hacia los problemas, te irás deshaciendo de algunos excesos (y verás cómo la vida no deja de ser divertida por ello) e irás cambiando algunas actitudes adictivas por otras: en lugar de los calmantes, las pastillas para dormir o las comidas nerviosas, buscarás balancear tu alimentación, abrir más espacios en tu agenda para moverte, y empezarás a tomarle el gusto a sentirte bien.

Verás cómo procesos pendientes se cierran, cómo la tristeza se disipa, cómo comenzarás a dormir mejor, tener mejores relaciones sexuales, y nada de eso será por arte de magia, sino producto de tu esfuerzo y trabajo en tu bienestar.

No es tan complicado. Haz que sea divertido y deja atrás los pesares de una vez por todas.



Deja tus comentarios aquí: