Un árbol podado crece fuerte y robusto

En días pasados conversaba con un gran amigo y me comentaba que él sentía que luego de tantos obstáculos económicos algo «grande» estaba por llegar. A este amigo, en su vida le había tocado comenzar de nuevo, y ahora se sentía esperanzado. Por otro lado, otro gran amigo, en otra ciudad y otro país, también está a la espera de un «gran cambio» en su situación económica (lleva 3 largos años esperando). Los dos coincideron al citar la frase: «es como cuando podan un árbol, ya sabes: sus ramas cortadas vuelven a llenarse de hojas mientras el mismo árbol crece fuerte y majestuoso hacia arriba».

Nuestro saber cotidiano diría, «de todas las experiencias debemos aprender; dejar las malas a un lado y apropiarnos de las buenas…».

¿Serían estos momentos que viven mis dos amigos (y que todos hemos vivido en algún momento) ejemplos de esas «experiencias malas» que hemos de podar en nuestra vida?

Quizá sea cierto, pero ¿qué tal esto?

Las ramas del árbol serán nuestra actitud aprendida ante las cosas, repleta de creencias, miedos, repeticiones de cosas dichas por la gente que hemos tenido cerca en nuestra vida, herencia de patrones de conducta inconscientemente repetidos, el mantra que corea frases cuyos significados no conocemos, pero que están en la punta de nuestros labios cuando hablamos y en la primera capa de nuestros pensamientos.

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Pero el tronco del árbol, de donde brota lo real, nuestra esencia, sería nuestra conciencia.

Entonces los invito a podar su actitud. Corten todas esas ideas y pensamientos que ustedes tienen claro que les causan ataduras y dolor de barriga.

Dejen pegadas al tronco aquellas que realmente tienen que ver con su SER. Sean leales a ustedes, mediten sobre cada día, cada experiencia.

Háganlo sin conceptos, ni etiquetas.

Lo que esta poda dejará en ustedes es una «visión» de quiénes son. De allí en adelante, sus decisiones serán firmes, su intuición será cada vez más aguda y podrán abrir los brazos a lo que venga, en lugar de seguir buscando o esperando por ese «gran momento». Recuerden que la tátara abuela de Beethoven nunca supo que de ella nacería una línea del tiempo que la uniría a este gran músico y ustedes tampoco saben quién vendrá después de ustedes una vez que ya no estén en este bosque.

Lo que saben es que lo que logren advertir en sus vidas hoy será de gran utilidad entonces.

 



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