Un buen comienzo para el alma

La ilustración es de Alejandro Ovalles [email protected]

Algo tienen los comienzos que a todos nos encantan, seguramente porque hay algo esperanzador en todas las posibilidades que se abren. Si hablamos del paso del tiempo esto significa muchas fechas por delante, y también, por qué no, el alivio de dejar atrás aquello que le entregamos al pasado.

A diferencia de la naturaleza que rige sus estaciones por el sol sin llevar la cuenta, los seres humanos usamos las fechas como una ayuda para dibujar el mapa de la vida. Así le llevamos el ritmo al tiempo y hacemos balance general: cuánto tiempo ha pasado, qué he hecho con ese tiempo y que haré con el que tengo por delante. Si nos hacemos la pregunta en serio y respondemos con honestidad podremos encontrar muchas satisfacciones, deudas pendientes y sueños dormidos. Ese saldo neto no debemos verlo como un resultado lapidario, sino más bien como el retrato dinámico del momento en el que estamos.

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¿Qué hacer para que ese balance refleje el equilibrio que buscamos? 

Una respuesta podría darla el alma. No me refiero al espíritu ni una entidad religiosa, sino más bien, a eso que el escritor y terapista Thomas Moore nos dice que “vive a mitad de camino entre el entendimiento y el inconsciente, y cuyo instrumento no es la mente ni el cuerpo, sino la imaginación”.

Escuchar nuestra alma no es sencillo porque suele hablarnos con imágenes y emociones. Nada de gráficos animados o sinopsis en una cuartilla. Cuando se trata de expresar lo que necesita y anhela, el alma suele tomar caminos misteriosos y complicados.

Pero, ¿no somos así los seres humanos?

Precisamente por nuestra complejidad es que no hay una receta única y milagrosa para el balance que buscamos. Es asunto de cada quien encontrar la forma de honrar y expresar su alma para sintonizar mejor con ella, y al hacerlo, vivir de forma más intensa el tiempo que nos toca.

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¿Qué tal aprovechar este comienzo para hacer algo que resuene en el alma?

Seguramente tienes allí una lista de intenciones que ventilaste durante las últimas semanas y que podría terminar doblada en el baúl de los recuerdos. No la guardes tan rápido. Repásala y fíjate si allí hay algo que toca una fibra muy profunda. De ser posible, dedícale el tiempo que se merece. Así estarás alimentando el alma.

Claro que una cosa es la poesía y otra la cotidianidad. Y a medida que pasa el tiempo nos vamos enredando cada vez más en la rutina hasta olvidarnos de aquella emoción que en un momento nos habló. Es entendible, con tanto ruido y cosas pasando a nuestro alrededor, resulta difícil prestarle atención.

Puede llegar el momento en que el alma se canse de lanzar señales y se resigne. O puede suceder que comience a pegar gritos que deriven en un conflicto emocional. Por ello, para evitar que el alma muera de mengua o despierte tormentas, conviene abrir ese espacio donde alimentemos nuestra vida con esas cosas que sabemos que nos hacen bien, pero que no siempre hacemos.

“El alma no es una cosa” dice Thomas Moore “sino una cualidad o una dimensión para experimentar la vida y a nosotros mismos. Tiene que ver con profundidad, valor, conexión armónica, corazón y sustancia”. O dicho de otra forma, para atender las múltiples facetas y necesidades que existen en nuestro interior hay que tener una mente abierta y la disposición a escuchar lo que las emociones nos dicen. Para después actuar en consecuencia.

¿Qué has escuchado últimamente desde allí adentro?

 



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