Un diestro sin su derecha (o cómo solo en crisis se aflora la creatividad de las personas)

Al observar en el periódico los accidentes que suceden a diario, o simplemente ver cómo estamos contaminando nuestro medio ambiente, me pregunto: ¿hacia donde nos llevaría nuestra mente si la utilizáramos para el bien, para construir y para «resolver» cuando la incertidumbre y el miedo nos rodean?

Es por ello que le invito a realizarse esta pregunta: ¿qué haría usted si pierde una pierna? ¿Como se sentiría si pierde una mano? Estoy seguro que no podría contestarme, puesto que solo estando en esa situación uno pudiera describirlo, sin embargo, sé que tendrá dos opciones: la primera no requiere de mucho esfuerzo, pero denota una derrota absoluta, y es que es muy fácil darse por vencido y resignarse a que su vida no será la misma y que todo será más complicado. Pero no deseo enfocarme en esta opción, mi intención es mostrarle la otra cara de la moneda con hechos de la vida real, y es que el seguir adelante no significa vivir como si nada hubiese ocurrido o como si “todo estuviera bien”, es sacar la fortaleza desde lo más profundo de su ser, es decirse a sí mismo: ya no tengo una pierna, pero voy a dar el 100% para correr igual o mejor que antes, y es saber que al hacer esto, no solo se beneficia la persona en cuestión, sino que toda la sociedad se nutre de esta actitud.

ivanEn este orden de ideas les presento una historia real, tiene que ver con un artesano venezolano, nacido en Caracas y radicado en un pequeño pueblo llamado Baraived ubicado en la península de Paraguaná, estado Falcón, Venezuela. Su nombre es Iván Quintero, quien dedicó su vida a realizar arte con sus manos, a través de la talla de un fruto llamado Tapara, que al ser trabajado bajo una técnica artesanal, se convierte en obras singulares que van desde vasos, hasta vajillas completas. Una noche, al estar trabajado con fuego en su taller en casa, tuvo un accidente que le hizo perder su mano derecha. No puedo decirle qué pasó por su mente en ese instante, pero sé que ciertamente, una vez recuperado, él debió tomar una decisión ya que el sustento de su familia dependía de sus manos, y siendo diestro, se intensificaba la gravedad del asunto.

Iván decidió trabajar más duro, convertirse en zurdo y hacer mejor su arte. Entonces se inventó una herramienta que funcionara con lo que quedaba de su mano derecha, y comenzó a trabajar con madera de Guayacán, una de las maderas más resistentes que existen, llegando de esta manera a realizar esculturas con más valor artístico que los trabajos que hacía cuando tenía ambas manos. Iván nos demostró que la creatividad surgió de su crisis, y que logró superar sus habilidades artísticas gracias a este accidente provocando un impacto positivo en su familia y amigos.

Estoy seguro que así como la historia de Iván, existen cientos de experiencias en Venezuela y el resto del mundo que nos inspiran a seguir adelante cuando todo está gris, pero como dice la canción “todo tiene su final” y para el cierre, deseo transmitirle un pensamiento de Einstein que bien se aplica no solo a la historia que contamos, sino al día a día de cada uno de nosotros:

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos, lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo  sin quedar “superado”.



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