Un divorcio, dos divorcios ¿tres?

“Estuve casada con el hombre que toda madre desea para su hija. Teníamos la familia perfecta, pero me cansé de tanta perfección… no tenía nada que reprocharle, pero mi falta de deseo sexual hacia él llegó a tanto que hasta se me cruzó por la cabeza si era que me había convertido en lesbiana”.

Me contó eso mientras arreglaba a su hijita de un año.

“Hoy somos excelentes amigos, me llevo buenísimo con su nueva esposa y yo me casé con uno diametralmente opuesto a él”.

¿Cómo?

Yo no salía de mi asombro ante tanta franqueza acompañada de una imperiosa necesidad de que alguien la escuchara. Así me contó que el esposo actual la ama, que su vida sexual es maravillosa, que descubrió con él la verdadera pasión, pero que este dechado de seducción no es capaz de mantenerse en cánones familiares básicos. En fin, ciertamente, el opuesto al anterior.

¿Entonces?

Piensa divorciarse en cuanto las dos hijas hayan crecido un poco más, porque cree que él no va a cambiar. Se lo ha prometido mucho y no ha habido forma.

Pasé tiempo dándole vueltas a toda su situación. No soportó la “perfección” y cuando encontró una pareja sexualmente compatible al ciento por ciento, tampoco sirve.

Traté de leer entre líneas las razones para que, sin sufrimiento aparente, ella se haya involucrado en relaciones tan diferentes y tan poco satisfactorias. No encontré casi ninguna, pero de lo que sí estoy segura es de que el amor es el gran ausente.

Y si se lo hubiera insinuado en nuestra conversación, ella hubiese afirmado que claro que se casó enamorada en ambas oportunidades, pero que se acabó, que no funcionó, y todos esos planteamientos que hacemos para convencernos de que fuimos auténticos en nuestros sentimientos y coherentes al momento de tomar decisiones de vida.

Gracias a mis propias circunstancias, sé que estar enamorada y amar no es lo mismo. El amor no es un sentimiento ni una pasión, no es atracción física, tampoco es compartir un proyecto, pasear de la mano al atardecer y planificar hijos. Es decir, no es un check-list.

El amor es un compromiso de vida con nosotras mismas, es dejar de lado los patrones, prejuicios y fórmulas para construir nuestro mundo interior, nuestra mujerabilidad.

Estoy convencida de que el Amor es una decisión, el mayor valor de la humanidad y eso que nos mueve hacia la felicidad del alma, sin importar las circunstancias.

Si mi protagonista de hoy se diera cuenta de la diferencia entre amar y enamorar, optaría primero por amarse a ella para luego amar al otro como a sí misma; entonces, presumo que podría coquetear con la idea de una tercera oportunidad.



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