Un paso previo a la regla de oro

Trata a los otros como quisieras ser tratado es la regla de oro que de distintas formas han expresado las culturas a través de la historia de la humanidad; una frase que sin duda alguna contiene sabiduría en su buen consejo; misma que, sin embargo, hoy te invito a modificar.

¿Qué tal que el cumplir con esta frase no es el primer paso hacia una vida feliz?, ¿qué tal que existe un trabajo previo que debemos cumplir para poder ejercer esa regla de oro con verdadera congruencia?, ¿qué tal que antes de comenzar a tratar bien a otros comenzamos por tratarnos bien a nosotros? Así es, leíste bien. ¿Cuántas veces por ejemplo, te has dicho algo bueno el día de hoy? ¿Lo recuerdas?

Comenzar por tratarnos bien implica generar un hábito sobre cómo es que queremos ser tratados por otros y así posteriormente tratar a otros de la misma manera, pero siempre comenzando por tratarnos de la forma en que queremos se tratados.

Si vas caminando por tu casa y te golpeas el pie contra un mueble, ¿qué te dices?, ¿te maldices o te atiendes? Si vas caminando por la calle con tu café en la mano y súbitamente se te derrama un poco en ese pantalón nuevo, ¿qué te dices? Si en alguna de tus actividades del día algo sale mal, ¿cómo te tratas? Tal vez, incluso algunas palabras altisonantes broten en tu contra; tal vez, incluso ni toleras verte completamente en el espejo, o ni siquiera has terminado de aceptar esos kilitos de más o esas canas que comienzan a asomarse en tu cabello.

Esos son los momentos en los que tú necesitas más de ti y en los que hay que comenzar a tratarnos como queremos ser tratados, con bondad, con respeto, con palabras de aliento, generando así un espacio de amor de nosotros para nosotros; un espacio de comprensión donde tu ser se ve arropado por ti mismo; donde por fin te tratas como deseas se tratado.

Tú eres perfecto, eres completo y mereces respeto, no te compares, háblate bonito, arropa tu ser y permite que tu autoestima se fortalezca llenándose de amor, amor que tú mismo te brindes en tal cantidad que se desborde y entonces, solo entonces, podrás salir a tratar a otros como te gustaría ser tratado, después de todo, nadie puede dar lo que no tiene. ¡Para pensar! ¿No crees?



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