Un viaje diferente: cómo hacer turismo con atención plena

Un viaje diferente: cómo hacer turismo con atención plena

«La vida no es un problema para ser resuelto, sino una experiencia para ser vivida”. Anónimo

Hablamos con Laura Rojo Bily, licenciada y casi magister en turismo e instructora de yoga, una experta de varios años en el trabajo de conectar personas con escenarios, con espacios, no sólo aquí en Argentina sino también en el mundo. Hablamos de las nuevas tendencias en su campo y, cuándo no, encontramos que la atención plena puede tener un lugar muy importante en lo que se viene. Estamos algo distantes de poder viajar como antes, pero qué tal si comenzamos de a poquito a mentalizarnos que algún día volveremos plenamente.

Ella comienza el intercambio con una linda anécdota de la bitácora de sus recuerdos: «La primera vez que tuve el privilegio de viajar a esa maravilla que es el Glaciar Perito Moreno, en la Provincia de Santa Cruz, fue hace más de 25 años, acompañando a un grupo de turistas orientales. Llegamos al acceso al Parque Nacional en nuestro ómnibus y al descender, el guía local sumó información valiosa además de avisar cuánto tiempo habría disponible allí para caminar por las pasarelas, cada quien a su aire».

Y continúa: «El grupo, ordenado (como se espera de los orientales) comenzó a acercarse a los balcones, donde los clicks de las cámaras fotográficas (no eran tiempos de celulares) se sucedieron en un concierto que duró unos 10 minutos, pasados los cuales casi todos estaban de regreso en el ómnibus, sentaditos prolijamente en sus lugares. Aterrada (recordemos que yo era la representante de la empresa de turismo para la que trabajaba entonces), me acerqué al tour leader (coordinador) para indagar qué había pasado, qué estaba saliendo mal. ‘Todo está perfecto’, me respondió, ‘El glaciar les encantó’«.

«Ya sacaron todas las fotos que querían, luego las verán cuando lleguen a casa», la tranquilizó el coordinador.

«Afortunadamente, algunos pocos pasajeros aún estaban caminando por los alrededores, así que hasta la hora convenida yo también pude seguir disfrutando, extasiada, del majestuoso hielo milenario», cuenta Laura.

Dice Laura que, por primera vez, en ese momento se le ocurrió pensar cuán lejos podemos estar de disfrutar del presente, aun ante la más magnífica de las situaciones.

«Y no estoy enjuiciando a esos pasajeros que volvieron raudos al ómnibus; al fin y al cabo cada quien disfruta a su manera (porque como se puede adivinar, y más allá de improntas socioculturales, no es cuestión de nacionalidad, ni de género, ni de edad). Simplemente -reflexiona-, si eso pasaba hace 25 años, ¿qué queda para hoy, en tiempos de dispositivos tecnológicos e hiperconectividad al alcance de la mano? En tiempos en que el ritmo frenético se nos impone, para encontrarnos muchas veces corriendo sin ton ni son, escapando de un pasado que nos persigue hacia un futuro incierto».

El lujo de poder detenernos

Para esta experta, el verdadero lujo hoy en día, en tiempos de corridas interminables, es poder pararnos y mirar con más profundidad. Por eso en su tesis de maestría habla de las «experiencias memorables» como experiencias que impactan verdaderamente al turista, no por la fuerza del estímulo sino por la capacidad de éste de construirlas a partir de una apertura de los sentidos y sus emociones.

«No se trata de finos y exóticos objetos o situaciones -dice la profesional-; hoy más que nunca, lujo es contraponer al modelo de ‘hiperconectividad’ la verdadera ‘conexión‘, o al ‘high tech’ (alta tecnología) más ‘high touch’ (alta humanidad). El lujo es una manera de ver la vida, de percibir a través de todos nuestros sentidos la magia del mundo que nos rodea y emocionarnos; lujo es vivenciar así experiencias memorables, que el mundo de los viajes abre en un generoso abanico».

Claramente se trata entonces -continúa- de «nuevas manera de sentir» y de romper con lo cotidiano, de «pensar» y expandir la mente y percibir lo que nos rodea y de «ser», promoviendo cierto grado de cambio personal. «En definitiva, de que haya un antes y un después, que algo se transforme a partir del viaje; para el visitante, para el anfitrión, para nuestro mundo”.

Viaje mindful

¿Cómo se lograría esto? Pues adecuando la oferta a una experiencia más mindful, más consciente, donde seguramente quienes propician el viaje (la agencia, los guías, etc) estén capacitados para ello. Esto implicaría que de alguna forma el personal de turismo debería tener «una buena cuota de mindfulness».

Existen algunas experiencias en Argentina al respecto. Hay un eco hotel muy reconocido en Purmamarca, Jujuy, que propone experiencias de este tipo y sostiene, a través de una filosofía de respeto y sustentabilidad del ambiente y la cultura andina, una coherente manera de ver el paisaje y la población.

«Turistear» en nuestro barrio

Hacia el final, Laura cita a Michel Onfray (2016) y su Teoría del viaje. Poética de la geografía: «Viajar exige funcionar sensualmente a tope. Emoción, afecto, entusiasmo, asombro, interrogación, sorpresa, alegría y estupefacción, todo se mezcla en el ejercicio de lo bello y lo sublime, del cambio de hábitos y de la diferencia.» 

El turismo, desde siempre, ha sido un vehículo maravilloso para «tender puentes» y «acercar» (aunque en ocasiones haya perdido su foco).

«Consideremos entonces la nueva oportunidad que se nos presenta de reconectar y volver a las raíces -sí, porque en algún momento ya estuvimos ahí-, de dar un giro de 180º para practicar un turismo más equitativo e inclusivo, más sustentable y accesible, más comprometido y más responsable, más humano», propone.

Y nos deja un consejo: «Hasta tanto podamos aventurarnos más allá, como lo haríamos en un destino desconocido, estamos igualmente invitados a vivenciar experiencias turísticas memorables redescubriendo esa esquina, ese árbol, ese vecino, esa plaza del barrio que solemos pasar por alto, y detenernos. Y en ese turistearen nuestro lugar, a reconocernos también a nosotras y nosotros mismos, ya que todo viaje es de alguna manera un viaje hacia nuestro propio interior».

Imagen de นิธิ วีระสันติ en Pixabay 



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