Un yoga personal

Ilustración de José Alejandro Ovalles [email protected]

Hoy escribo bien estirado. Quiero decir, acabo de terminar mi práctica de yoga y finalmente me siento frente al computador. No lo hago con los pies detrás del cuello o en posición de loto, pero eso sí, mantengo la espalda recta de forma natural. Con las baterías recargadas, la tarde fluye con suavidad.

Una de las primeras cosas que me trajo el yoga fue tocarme la punta de los pies sin doblar las rodillas. También se evaporaron mis dolores de espalda. Pero eso fue hace catorce años y la flexibilidad es apenas una fracción de lo que me ha sucedido. A partir de aquella primera clase, donde sufrí un poco y resoplé mucho, he descubierto que el cuerpo puede ser la puerta de entrada al alma.

¿De qué estoy hablando? Pregúntale a cualquier maratonista si correr es poner un pie adelante del otro una y otra vez. Seguramente te dirá que esa es la base, pero además hace falta disciplina, una buena alimentación, constancia, control mental y otras cosas más aparte de calzarse los zapatos y dar el pasito tun-tun.

Lo mismo sucede con el yoga. Muchas personas piensan que es un ejercicio de contorsionismo o una moda fitness para gente comeflor. Error. Si bien lo más visible son las poses (llamadas asanas) y la respiración controlada (pranayama, en jerga yogui) estas son apenas las puntas del iceberg. Lo más interesante pasa bajo la superficie.

Una de las definiciones más potables del término yoga es «Unión». ¿De qué? De cuerpo, mente y espíritu. La palabra también puede traducirse como «Yunta» en el sentido que nos permite domar el cuerpo y la mente a fin de liberar el espíritu. Lo importante es no perder de vista que existen muchos tipos de yoga, desde los más devocionales hasta los más rigurosos, pero en el fondo el objetivo es el mismo: unir al Ser con aquello que lo sublima.

Y aquí es donde algunos ven el yoga como una religión. Yo prefiero verlo como un estilo de vida. Si, lo sé, suena a slogan de rock & roll, pero es que detrás del ejercicio físico sobre el mat, el camino del yoga nos lleva por una serie de preceptos morales, prácticas de auto-conocimiento y afinación de la conciencia, que poco a poco nos permiten concentrarnos mejor, vivir con mayor bienestar y generar nuevos pensamientos.

yoga-personalLo fascinante es cómo una actividad física, como arquear la espalda o pararse de cabeza, se convierte en una práctica espiritual cuando conviertes el cuerpo y la respiración en un vehículo de transformación personal. Para ello hace falta dedicarle tiempo, al igual que para correr un maratón. «El yoga es 95% práctica y 5% teoría» solía decir el maestro Pattabhi Jois.

¿Demasiado abstracto? Mejor experiméntalo en carne propia, pero eso sí, olvídate de una iluminación express. Y si no deseas zambullirte en aguas profundas, puedes simplemente hacer tu clase de yoga, sudar y disfrutar de una flexibilidad como no conocías antes. Ya luego verás si quieres bucear más abajo.

Por cierto, Samadhi es el término usado para referirse a la iluminación. Confieso que después de todos estos años, lo más lejos que he llegado es a estar alumbrado. Pero no tengo apuro, ese tampoco es mi objetivo. Ya con desplegar el mat, estirar el cuerpo, llenarme de aire y dejar ir tengo suficiente.

 



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