Una cosa es estar deprimido y otra sentirse triste, tú ¿cómo te sientes hoy?

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La vida suele ser un constante sube y baja de emociones. En ocasiones pareciera que estamos en una montaña rusa emocional, donde algunas bajadas son más intensas que otras y ni hablar de los tira buzones o vueltas que nos hacen ver el mundo de cabeza, tal cual como muchas veces sentimos que está nuestra vida: “patas pa’arriba”.

Sin embargo a pesar de que muchas veces queremos “huir” de nuestras emociones, cada una de ellas tiene una función definida para hacernos entender que está pasando. Esto lo hacen a través de nuestro cuerpo, por eso la importancia de conectarnos sabiamente con este. Nuestro cuerpo es el mensajero de las emociones.

Tal es el caso de la tristeza. Siempre habrá situaciones en la vida que nos conectan con este sentimiento, algunas de las cuales pueden ser especialmente significativas, por lo tanto la tristeza que provenga de ellas puede ser intensa y duradera, confundiéndose incluso en algunos casos con depresión. No obstante a pesar de que la tristeza es un síntoma marcado en una depresión, ambas son diferentes.

Estas son algunas de las diferencias:

  • La tristeza es una respuesta emocional ante acontecimientos inesperados y/o amenazantes. Es una emoción frecuente, pero también pasajera.
  • La depresión es un trastorno del ánimo que viene acompañado con otros síntomas como: disminución de la atención y concentración, sensación de inutilidad, pérdida de confianza en sí mismo, desesperanza hacia el futuro, pesimismo y en casos de depresión severa, pensamientos de suicidio. Es común que tenga efectos sobre el apetito (comer en exceso o inapetencia), disminución de la vitalidad, cansancio extremo, trastornos del sueño, sexualidad u otras funciones corporales. Estos síntomas pueden variar en intensidad o asociarse a otros dependiendo del tipo de depresión.
  • Aunque la frase “estoy depre” para denotar que tenemos un bajón de ánimo, suele usarse con mucha ligereza, conviene aclarar que tener un sentimiento de decaimiento NO es estar deprimido, a pesar de que tras una circunstancia o evento doloroso la persona pueda sentirse profundamente triste, en ocasiones hasta miserable, durante unas horas o días.

A la tristeza no debemos temerle. Como lo mencioné arriba, cada emoción tiene una función, en este caso este sentimiento es un indicador de que hemos chocado con barreras internas y externas. Según algunos psicólogos y psiquiatras la tristeza tiene funciones adaptativas y por lo tanto debería ser aceptada como un componente importante de nuestro repertorio emocional. Incluso una depresión leve actúa como la alarma de un despertador, advirtiéndonos que ha llegado el momento de concentrarnos en lo más importante, de escuchar nuestra voz interior y reorganizar algunos ámbitos de nuestra vida.

Sin embargo, la tristeza puede convertirse en depresión si la persona se vuelve incapaz de afrontar su cotidianidad o cuando las emociones no son manejadas de forma correcta sino que se reprimen. Cuando la melancolía y el abatimiento se convierten en compañeros constantes sin que haya para ellos un motivo concreto y reconocible, nos encontramos ante una señal de alarma.

En este caso y si adicionalmente cumples con algunos de los síntomas que mencioné anteriormente, acude a un profesional antes de “autopsicoanalizarte” y etiquetarte. El no hacerlo te conduce a buscar soluciones inadecuadas, cayendo en el error de confundir la depresión con irritabilidad, ansiedad, aburrimiento, desmotivación, flojera, cansancio o viceversa.

Es muy importante que el profesional al que te acerques considere todos los factores implícitos en tu situación, antes de mandarte al psiquiatra para que te recete un antidepresivo, incluyendo enfermedades físicas y/o fisiológicas como diabetes, hipertiroidismo, problemas hormonales, etc.

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