Una decisión muy difícil: no ser mamá

Cuando era muy joven pensaba que tener o no tener hijos dependería de la postura que tuviese al respecto mi pareja. Me parecía que tener hijos era empresa de dos, y pensaba que si quien fuera finalmente mi compañero no lo quería, pues no tendría hijos, o sí, si era algo que él anhelaba. Los años fueron pasando y conocí a un hombre maravilloso, un poco mayor que yo, quien no estaba realmente interesado en tener hijos. Después de muchos años juntos un día me emplazó: «si vamos a tener hijos tiene que ser ya, porque yo no quiero ser un padre mayor». En aquel momento su «propuesta» (¿acaso lo fue?) me pilló un poco de sorpresa. Yo no estaba lista para dar el paso. Jugué un poco con la idea en mi cabeza, pero dejé al tiempo pasar. Había tomado la decisión, o eso creía. No tendríamos hijos. Nos dedicaríamos el uno al otro.

Hasta el día de hoy me persiguen las consecuencias de aquella decisión. Aún recibo las críticas de seres cercanos y recién conocidos. Las miradas llenas de lástima de extraños que consideran que elegí vivir una vida vacía y que al final me llenará de soledad. Socialmente la existencia de un hombre se justifica por su trabajo o profesión. La de una mujer se justifica con la maternidad. Una mujer sin hijos no es socialmente aceptada.

Esta decisión, sin embargo, años después me confrontaría a mí misma, pues ya bien entrada en los 40 me replanteé el asunto y cuando fui a los especialistas me dijeron que no había nada que hacer, debido a unos desequilibrios hormonales que había sufrido desde mi adolescencia. Así que al final, fue una decisión tomada por la vida. Mi pareja para entonces estaba aún más que convencido de que eso no era lo que él quería. Hubiera podido separarme de él, adoptar un niño, pero para probar qué, a quién. Me habría hecho ilusión tener un hijo suyo. Ver en el pequeño o pequeña algo de esa persona con quien había construido una vida.
Hemos sido muy felices. Y confío en que lo seguiremos siendo. Sí, hay momentos de soledad en esta vida de dos, pero me imagino que con hijos también los puede haber sobre todo una vez que se hacen mayores.

Es difícil describir la complicidad y compenetración que tengo con mi pareja al haber vivido ya casi dos décadas juntos, sin hijos. Ha sido una aventura más que bonita, muy íntima. Nos cuidamos mucho el uno al otro y tenemos todo el tiempo del mundo para escucharnos y apoyarnos. ¿Qué también lo habríamos podido hacer con hijos? No conoceré nunca la respuesta. De momento, sigo teniendo que dar la respuesta a por qué no tuviste hijos en dos fases, primero porque no quise y después porque no pude.



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