Una herida puede revelarte tu propósito de vida

Una herida puede revelarte tu propósito de vida

Con frecuencia rechazamos nuestra herida, porque duele, nos hace vulnerables. Sin embargo, en mi experiencia personal y también como terapeuta, he visto cómo una herida puede ser el impulso para convertirte en una mejor versión de ti, incluso encontrar tu propósito. En este artículo te contaré mi experiencia y cómo ese gran dolor me llevó a la plenitud.

Todos tenemos una herida.

Cuando me refiero a una herida, es eso que duele, ese evento que de alguna manera te dejó marcada(o), esa experiencia que te dejó un sabor de boca agrio y que no quieres repetir. Con frecuencia, no queremos para nada esa herida, porque no nos gusta el dolor. Pero ahora quisiera que la mires con otros ojos, para que te des cuenta que esa experiencia no sólo tuvo un sentido en tu vida, sino que si la vives adecuadamente, puede llevarte a crecer.

Una gran herida para mí fueron las relaciones interpersonales.

Siempre fui una persona muy inteligente, eso me llevó a graduarme de contadora muy joven y a tener cargos importantes a temprana edad. Trabajé en empresas trasnacionales que valoraban todo lo que estaba dando y también exigían mucho de mí. Fui muy competitiva y sin darme cuenta mi trabajo se volvió casi todo para mí. Si bien tenía logros, junto a esa inteligencia estaba lo crítica y rígida que era. Tenía un nivel de exigencia conmigo y con mi equipo de trabajo que no hacía nada grato el ambiente laboral.

Tanto conflicto me produjo mucha frustración y estrés, hasta que enfermé. Ese nivel de ansiedad producía un bloqueo en mis nervios hasta desmayarme. Recuerdo haber dicho en ese momento que si seguía así, moriría como una «pendeja» antes de los 30. Ese fue uno de mis puntos de quiebre. Busqué ayuda con terapia. Pude ver que mi adicción al trabajo era para compensar mis vacíos emocionales, mis inseguridades. Quería tener pareja y no lo lograba, así como tampoco tenía relaciones íntimas. Y no me refiero a la parte sexual; tenía amigas(os) con los que salía a divertirme y podíamos hablar de tonterías. Pero no estaban aquellos con los que podía hablar de mi sentir, de mis inseguridades y dolores, a ese tipo de intimidad me refiero. Tal vez estaban, pero era yo quien no me sentía segura de poder compartir esa parte oscura y triste de mí. Esa que todos tenemos y muchos escondemos.

¿Qué hacer con una herida?

Cuando una de las muchas personas que han entrado a consultas o talleres conmigo me escribe, usualmente es porque está viviendo una situación que le produjo una herida o abre una vieja. Al contactarme, les digo que sé lo que se siente y es un momento duro, pero al mismo tiempo puede ser el inicio de un hermoso proceso de transformación personal que le lleve a hacer cambios importantes. Todo eso le guiará a un estado de plenitud y felicidad que tal vez nunca antes haya experimentado. Pero para llegar allí, hay que recorrer ese camino de confrontarse con la herida y sanar.

También es preciso ver con un poco más de profundidad, porque a veces algo que te duele del presente, como una infidelidad o una ruptura, tienen su origen en la relación que desde niña(o) mantienes con papá y mamá. Estas relaciones son las más importantes en nuestra vida, hasta que logramos sanarlas y borrar la huella que estas han dejado.

Del dolor de una herida a encontrar mi propósito.

Antes te contaba mi «tragedia» con mi vida personal, mis relaciones y vacíos. Ahora te cuento el desenlace. Conocí el Renacimiento, que es una terapia que me ayudó a entender por qué vivía lo que vivía y tenía los resultados que no me gustaban. Esta herramienta me ayudó a sanar la herida de papá y su abandono. A partir de allí mi vida cambió completamente. Me sentía feliz de quien era, segura del maravilloso ser en el que me estaba convirtiendo. Vi cómo mis relaciones se volvían más armónicas y empecé a salir con quien hoy es mi esposo (este año cumplimos 25 años casados). Allí me di cuenta, luego de sentirme tan bien, de que todo lo que había aprendido para mi evolución y crecimiento personal, quería compartirlo con el mundo.

En esta nueva versión de mi, ya la contaduría, las trasnacionales, los horarios rígidos no tenían cabida. Pero sobre todo quería que los demás se sintieran tan bien como yo lo estaba haciendo. Así que me entrené para apoyar a las personas en su proceso de sanar una herida y transformarse. Un trabajo que hoy me apasiona.

Así que esa que fue una herida para mi en mis veintes- se convirtió en el medio a través del cual llegué a mi propósito en la vida, a este servicio que presto con tanto amor.

No creo que todos tengamos que hacernos terapeutas. Mi invitación es a que te des cuenta que eso que te duele tiene un sentido en tu vida y si lo vives adecuadamente, te llevará a niveles de felicidad que aún no conoces. Así que mira tu herida y haz tu trabajo para sanarla y transformarte. Te aseguro luego, cuando mires hacia atrás, te darás cuenta que eres o más fuerte, o más sabia(o) o más segura(o), etc.. Es decir, te has convertido en una mejor versión de ti y eso es maravilloso. Es el verdadero propósito de esa herida.

Foto de Tim Mossholder en Pexels



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