Una infidelidad más

“¡Ayer me dijo te amo con la misma pasión de la primera vez, que quiere casarse conmigo! ¿Cómo es que pasó esto?”. Lo inconsolable de su llanto no es fácil de describir, porque al día siguiente -sin proponérselo- vio en su teléfono celular un mensaje seductor, y pensando que se le había olvidado enviárselo a ella, lo revisó, para descubrir que aquel hombre confiable, tierno y amoroso, compartía su romanticismo con otra.

Él había sido su único novio, ella tiene 27 años, una carrera brillante y hasta el apartamento para casarse.

Pero, aquel mensaje se convirtió en una relación paralela que se fue develando casi como por arte de magia frente a la perplejidad de todos, porque hasta los padres de él no salen del asombro.

Con la misma facilidad que le demostraba amor, al verse descubierto, se retiró sin mediar palabra. No ha intentado volver, pedir perdón, explicar. Solo se comunica, vía algún dispositivo electrónico, para resolver aquello de los bienes en común, como si todo el amor que llevaban más de un lustro compartiendo se hubiese desvanecido.

Entonces aparecen, desde las furibundas que lo matarían hasta las ingenuas que dicen que un desliz es perdonable. Y mi mujerabilidad solo se pregunta ¿cuándo vamos a dejar de dañarnos en nombre de algo que es de todo menos amor?

El amor es paciente y comprensivo, lento para la ira; así lo define Pablo en su carta a los corintios. Y al buscar más definiciones encuentro: el amor es un sentimiento… una atracción… una afinidad.

Luego de sufrir muchos engaños parecidos a este, luego de hacer terapias, cursos, meditaciones, constelaciones, retiros, y todo lo que me invitara a sanar, un día comprehendí que amar es una decisión profundamente individual, pero una decisión más allá de la pasión y el sentimiento.

Los caminos para sanar las heridas que nos hacemos en nombre de ese amor tan mal entendido son infinitos, solo basta tomar la decisión de comenzar a andar y volver al amor, al amor concreto que es verbo y se conjuga primero en singular con nosotras mismas, para así ir construyendo esa mujerabilidad que nos permitirá crear un nosotros real y sólido.



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