Una mirada cuántica

El cuerpo y la mente no están separados, sino que se mantienen conectados a través de las emociones, las cuales establecen la interacción. La mente no es una fabricación del cerebro, sino que el cerebro y todo el cuerpo están en la mente.

Durante la adolescencia comencé a tener ciertas experiencias que me permitieron comprender esto con claridad. Muchas veces, mientras dormía, pude ver mi cuerpo desde distintos puntos de la habitación donde me encontraba. No había ojos para ver, porque no percibimos con los ojos, sino con la mente. Me encontraba flotando en el aire, siendo parte del espacio, con una sensación maravillosa de libertad, mirando cómo mi cuerpo estaba recostado, y de alguna manera, si bien tenía conciencia de estarlo ocupando, al mismo tiempo estaba en ese punto de la habitación o transportándome instantáneamente a otro. También es posible escuchar conversaciones o sonidos que están sucediendo a cualquier distancia física, o bien ocurrirán en el lugar donde estamos en otro momento del tiempo. Estos fenómenos son conocidos en el ámbito científico como expresiones del principio de no-localidad.

La física cuántica demostró que todos los fenómenos, es decir los eventos, que existen en el universo se pueden describir simplemente como cientos de diversos tipos de partículas de energía expresadas en ondas de posibilidades. Lo curioso es que esta energía se puede expresar al mismo tiempo como partícula y como onda. Es decir, como evento o posibilidad. Esto nos lleva a pensar que la materia no existe como tal, sino que tiene una tendencia a existir; la energía es potencialidad. De la misma manera, los eventos no ocurren como algo definitivo, sino que tienen una tendencia a suceder en cierta línea de tiempo. Desde esta perspectiva, todo fenómeno se puede considerar como una creación de la conciencia que al proyectarse en una posibilidad, comienza a manifestarla.

Con este sistema de pensamiento holográfico, una mentalidad que ve a la parte en el todo y al todo en la parte, comprendemos que somos observadores participativos en la creación de la realidad que experimentamos, es decir, observadores y actores al mismo tiempo. Comenzamos a reconocer que lo que vemos son los pensamientos y sentimientos proyectados, no la realidad única, y por lo tanto al no identificarnos con la percepción, alcanzamos una visión más objetiva.

Observar conscientemente es tener una mirada inocente sobre cualquier evento. Una mirada cuántica que no pretende cambiar las circunstancias, sino su pensamiento acerca de ellas. Una mirada sin juicio alguno, que no condena lo que ve, sino que lo integra, y de esta manera no lo refuerza.

Somos los únicos responsables de nuestro bienestar y felicidad, y comienza en nuestro estado mental. Somos los responsables del enriquecimiento, de nuestro crecimiento, avance. Somos los responsables de llevar una vida inspiradora que ilumine, en coherencia con nuestro bienestar y conciencia. ¿Podemos llamarle a eso un camino espiritual auténtico? Hay paz cuando hay coherencia, hay coherencia cuando no hay conflicto interior. Cuando nuestra actitud interna es de aceptación.



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