Una mirada sobre la soledad, y cómo afrontar sus distintos tipos

Una mirada sobre la soledad, y cómo afrontar sus distintos tipos

El sentimiento de soledad es natural en los seres humanos. La persona siente que no tiene un apoyo emocional, y esto impacta directamente en su autoestima. Muchas veces, al no considerarse alguien valioso, se sume en pensamientos oscuros cada vez más recurrentes, lo que deriva en que vaya perdiendo el entusiasmo vital, se aísle y cree un círculo vicioso del que es muy difícil salir.

Su lenguaje se convierte en negativo; sus ideas, oscuras. Sus salidas a los problemas, tremendistas. Y así sucesivamente. Es un espiral descendente que entierra cada vez más a la persona.

Sin embargo, hay salida para la soledad. Esa emoción, tan temida por muchos, puede ser tu aliada, pacificadora y reconciliadora interna en más de un momento.

Pese a vivir en una época de hiperconectividad, las relaciones humanas parecen estar pasando por una etapa de desconexión de lo esencial. Vínculos efímeros, individualismo, falta de registro del otro y una vida acelerada que acentúa la ausencia ante lo que el otro necesita son algunos de los síntomas.

Solo mirando profundamente a la soledad es posible desentrañarla. ¿Si hubiese allí un tesoro oculto que no nos animamos a develar? ¿Y si eso constituyera la llave para poder estar en equilibrio con nosotros, y con otros?

  • Tipos de soledades

La psicología ha descrito a grandes trazos, dos tipos de soledad:

. Soledad objetiva: la real, cuando una persona no tiene a un otro en forma presente; aquí se reconocen otros dos subestadios:

  • Una soledad objetiva impuesta: surge cuando esa persona se encuentra sola, por ejemplo, tras la muerte de su único ser querido, o por haberse mudado de país sin ningún conocido ni referencia, o cuando debe empezar de cero prácticamente toda su vida. Aquí también aparece la soledad que surge cuando estás privado de la libertad, o una internación con aislamiento. En cualquier caso, se sabe que es algo temporal. Se la vive con pesar.
  • Soledad objetiva como elección: es el caso de personas que buscan conscientemente el aislamiento, como una preferencia o tendencia de personalidad; y se encuentra disfrute en ello. Seguro conocerás personas que eligen vivir solas, y otras que, por sus tareas, pasan largos períodos solo consigo mismas, como un científico o un escritor. No se la vive con pesar.

. Soledad subjetiva: nacida del sentimiento de desamparo y tristeza, pese a que la persona puede estar con otro u otros. Es la soledad que se siente, que desgarra y que afecta el estado emocional de la persona, incluso con manifestaciones físicas, ya que se debilita el sistema inmunológico, y es más proclive a tener enfermedades. Sucede, incluso, estando acompañado, como es el caso de las parejas disfuncionales, o de compañías que se aborrecen y están llamadas a vivir juntas.

  • El miedo a la soledad

La mayoría de las personas ha manifestado alguna vez sentir miedo a la soledad. Es uno de los más frecuentes entre las personas, y, en ciertos casos, suele ser muy inhabilitante si la persona no lo asume con la seriedad que tiene.

Hay ciertas personalidades más proclives a padecerlo, como aquellas con mentalidad muy rígida, escasa capacidad de interacción social, tendencia al aislamiento casi permanente y una visión sesgada del mundo por diversos motivos que los llevan a meterse para adentro. Suele acompañarse por estados de nostalgia profunda, tristeza y hasta depresión. Puede ser el caso de quienes viven aislados, con las ventanas cerradas y reticentes a tomar contacto con otros. Todo esto forma un nivel de estrés que los afecta, aunque no se den cuenta de que, en general, desencadena enfermedades de distinta índole.

  • Soledad por elección

La mirada social impone un aparente estado de tener que compartir la vida con otros, tener pareja, relaciones, formar grupos, y así entrar en una dinámica de vida que, para muchos, suele ser el pasaporte a la más cruda soledad interior.

La elección de qué nivel de compartir anhelas es totalmente individual, y no puede ser impuesta desde afuera.

Por eso el colectivo social siempre quiere ver a las personas felices y acompañadas; sin considerar que alguien puede sentirse igualmente pleno estando en soledad.

Cuando eliges la soledad tienes en tus manos la agenda abierta para escoger con quién compartir, cuándo y de qué forma. Trabajas todo el tiempo con tu autoseguridad y confianza, y buscas los puntos de equilibrio vital que te constituyen en una mejor persona.

También está el caso de alguien que vivió toda su vida acompañado o en pareja, y, de pronto, pasa a vivir solo. Necesita reaprender esta nueva forma de convivencia con uno mismo; a sobrellevar sus pensamientos rumiantes, sus zonas oscuras. Si se anima a vivirlo de esta forma, el camino es sumamente enriquecedor.

Claro que pueden aparecer momentos de soledad emocional, cuando la persona puede sentirse desamparada o con la sensación de estar “sola frente al mundo”. En estos casos, estas sugerencias pueden ayudar:

  1. Encuadra en qué aspecto te sientes solo. No es lo mismo estar “solo de pareja”, que “solo en la vida”. Ponle el matiz apropiado; aliviará el peso que sientes momentáneamente.
  2. Haz algo que te produzca mucho placer. Sin necesidad de llenar tu agenda de compromisos, puedes intercalar algunas actividades que disfrutes de verdad, donde podrás reconectar contigo, y a la vez, interactuar con otros si lo deseas.
  3. Toma sol y pasa tiempo en la naturaleza. Estimulará las hormonas del bienestar en general.
  4. Recuerda que te tienes a ti mismo. Mírate al espejo; escribe tus pensamientos; pon música agradable; mira una película que te eleve; lee un libro; dedica un tiempo a dar servicio; adopta una mascota y se cuidarán mutuamente.
  5. Vence el miedo a conocerte. Da un paso a la vez en ir más profundo, más adentro de ti, para poder conectar con tu mejor versión interior. Hay mucha sabiduría esperándote.
  6. No te victimices. Los momentos de soledad están diseñados para revalorizar el estilo de vida que llevas; para darte cuenta de que tienes, quizás, un pequeño puñado de amigos que te aman de verdad, y también para darte espacio sin necesidad de estar reprochándote por tu estado actual. Puedes salir al mundo a conocer a quien quieras, sin presiones, sin forzarte, paso a paso. Date tiempo.
  7. La soledad bien entendida te sana por dentro. Muchas personas entran y salen de las relaciones, porque no tienen el valor de estar solas. Puedes optar por lo contrario, y prepararte para que la vida te sorprenda en el momento menos esperado para que aparezca alguien especial -si así lo deseas- o para estar cada día mejor disfrutando de tus espacios a solas.


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