Una mujer que construyó Paz

Hoy mi mujerabilidad está dolida, busca paz en medio de gritos, disparos, muertes, presos, insultos, descréditos, protestas y llamados a la no violencia que terminan en enfrentamientos.

Los insultos están en los labios de todos, olvidando que lo que le deseas al otro te lo estás deseando a ti, porque somos la misma energía. Ya lo han dicho los maestros: la paz requiere cambiar la ilusión de separación que nuestra mente cree que existe.

Buscando respuestas válidas, he encontrado muchas en diferentes fuentes maravillosas de construcción de un mundo más armónico: Vipassana, Ishaya, Yoga. Pero recordé algo concreto que ocurrió en plena Segunda Guerra Mundial.

Entre bombardeos, ataques aéreos y mucho miedo, en Trento, Italia, una mujer se preguntó: ¿cuál puede ser un ideal al que nos podamos aferrar y que una bomba no pueda destruir?

Encontró la respuesta en el Evangelio y comenzó a vivir desde allí. Se le unieron sus amigas y, poco a poco, se le fue sumando mucha gente que experimentaba una forma concreta de dar y recibir Amor en medio del caos de la guerra.

La mujerabilidad de Chiara Lubich se materializó a partir de las palabras de Jesús: “Sean todos uno”. Fue tan intensa su capacidad de experimentar esa realidad que nació un movimiento en el que hoy en día participamos más de seis millones de personas en todo el mundo, de múltiples razas, credos y visiones sociales.

El Movimiento de los Focolares nació en medio de una de las guerras más emblemáticas de la historia de la humanidad. Nació con el ideal de construir un mundo unido, pero no es filosofía, no es religión ni doctrina, es Amor concreto que se expresa en cada uno de nuestros actos, en cada una de nuestras palabras, en cada uno de nuestros deseos, con el otro, por el otro y desde el otro.

No importa cuál es tu posición social, política o económica; no importa si crees en Dios, Buda o la energía universal; incluso, no importa si no profesas ninguna creencia; solo importa que creas en el valor de la persona humana, que la veas a los ojos y encuentres a un hermano, que el enemigo se convierta en el amigo.

Me consta que así se puede construir la paz que tanto anhelamos, desde la paz que nace de nuestro interior.

Gritar PAZ es gritarle al otro que no la tiene y que no le creemos; construirla desde el sosiego es tenderle la mano, sonreír con el corazón, perdonar sus desaciertos como nos los perdonamos a nosotros mismos. Gracias Chiara Lubich por este aprendizaje que logramos tener cada día a través de vivencias concretas que hacen que los milagros estén presentes en nuestra cotidianidad.

Sueño con que la paz se haga realidad en todo el mundo, hoy especialmente en mi país, Venezuela, y mientras tanto, hago que sea realidad en mi mundo, con mis actos, mis palabras, mi mujerabilidad.



Deja tus comentarios aquí: