Una plantica, por favor

Para quienes no están acostumbrados a tener plantas, pareciera que aparece espontáneamente una lista de razones por las que no ‘pueden’ mantenerlas en casa. Confieso sin resquemor que yo era uno de ellos: “me quita tiempo”, “eso trae bichos”, “no tengo espacio”, y una larga lista de blablablás.

Bueno, así como las plantas, la gente cambia. Ahora no soy un jardinero ni un experto botánico, pero la entrada de las plantas sí que han cambiado el ambiente doméstico. Pues bien:

Las plantas limpian el aire: las plantas convierten el dióxido de carbono en oxígeno, y el oxígeno afecta cada parte del cuerpo. Da ligereza, serenidad. En situaciones de tensión lo primero que se dice es “respira”. Eso: crearás una especie de escudo energético-ambiental en tu zona habitable.

Disciplina: te verás naturalmente dirigido a mantener rutinas saludables como la de hacer que las plantas no se mueran. Así de sencillo. Y la disciplina es un valor que siempre trae beneficios.

Son productivas. Dan frutos, literalmente. Esto no significa que tengas que plantar un árbol de mangos o guayabas, pero por ejemplo: una planta de sábila (que de más está decir no conlleva demasiado mantenimiento) es más que útil debido a sus propiedades cicatrizantes y regenerativas. Una cortada: aplica un cristal de sábila; acidez: licúa sábila en cualquiera de tus jugos, y así. Suma a esto la posibilidad de cosechar albahaca, orégano orejón, espinacas, que puedes ir cosechando sin que la planta sea demasiado grande.

Embellecen. Las plantas florales otorgan belleza y hasta aromas saludables, y llenan tu hogar de una serie de cualidades intangibles que le dan una mayor sensación de hogar. Un buen comienzo podría ser empezar a comprar nardos. Creo que así fue como mi historia con las plantas empezó: su olor enamora y, por ende, provoca tenerlos siempre presentes.

Las plantas, como máxima expresión de la naturaleza, pueden enseñarnos a echar raíces, ser más flexibles, dedicados. Siempre pienso en una amiga francesa que se enamoró de estas tierras tropicales: “Imagina el tiempo que uno pasa en invierno cubierto, sin recibir rayos del sol directamente en la piel: la depresión está servida en la mesa”, decía, “cuando llegué acá, y el sol me daba en la piel todos los días, me sentía más feliz, ¡como las plantas!”.



Deja tus comentarios aquí: