Una refugiada que salvó vidas ahora quiere una medalla olímpica

Aún tengo en mi memoria la foto del niño sirio que fue encontrado muerto a las orillas de una playa turca. Su padre quería una mejor vida para él y su familia, pero no se pudo. El caso le dio la vuelta al mundo, y mucho más, la horrible foto del niño arrastrado por ese mar que se lo tragó y luego lo escupió en la arena.

Por estos días me enteré de otra historia de refugiados, pero esta tuvo otro final. No digamos que feliz, pero sí diferente. Es difícil saber si ella es feliz lejos de su familia y más por la manera como abandonó su país.

Se llama Yusra Mardini, y jamás imaginó que aprender a nadar la sacaría de la guerra; tampoco que gracias a eso podría salvar vidas; y mucho menos, que estaría participando en unos juegos olímpicos. Su padre la guió hacia la natación desde los ocho años. A los trece (2011), todo se vino abajo: la guerra destruyó su casa, su piscina, su vida.

No lo pensó mucho y junto a su hermana, quien también es nadadora, se fueron a Estambul y desde allí decidieron cruzar en un bote hasta Grecia. Eran veinte refugiados. Pero la vida seguía ensañada con ella: el motor del bote falló. Cero drama para Yusri y su hermana. Ambas decidieron lanzarse al agua, tomar la cuerda que estaba atada a la embarcación y nadar en esa agua helada por tres horas y media. Nadaron hasta llegar a Grecia. Les salvaron la vida a veinte personas, entre ellos niños. Cuando uno está obligado a tomar decisiones rápidas, es más efectivo, creo. Hay más determinación y más empeño. Y, supongo, si se trata de sobrevivir, uno le da hasta el final. Hay golpes que la vida nos da que son a propósito.

Ya luego, llegó a Alemania, obtuvo refugio y lo primero que hizo fue preguntar por una piscina.

Así que retomó sus entrenamientos y llamó la atención de muchos. Su meta estaba puesta en Tokio 2020, pero la vida le dio un descanso a tanto sufrimiento y le regaló una sonrisa cuando el Comité Olímpico Internacional la seleccionó como parte del primer equipo olímpico de refugiados en la historia de los JJOO.

Y así esta lindísima siria de 18 años llegó a Río 2016. Su poca edad no dice todo el sufrimiento que lleva encima, pero tampoco lo bien que enfrentó cada dificultad. Ella ahora solo quiere tres cosas: que se abran las fronteras a todos los refugiados, paz para su país y una medalla olímpica.

Pero con o sin medalla, la presea más importante ya la ganó: la de estar viva.

Yusra, no importa si en tu cuello no cuelga una dorada, una de plata o de bronce. No. Importa más la lección que le has dado al mundo, a tu país, a otros deportistas, a mí. Eres la nadadora más grande de este planeta.



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