Una reserva natural llamada AMISTAD

Somos seres sociables por eso nuestros recuerdos de amistades siempre nos llevarán a esa época de la infancia y rememorar los juegos de niños, esos compañeros de escuela y liceo; bastará con ver esa cicatriz en nuestra rodilla, barbilla o cejas para que volemos en el tiempo y sonriamos al recordar porqué están ahí.

Hoy les dedico este post a mis amigos, a esos de ayer y de hoy, a los que evocan mis recuerdos de infancia y de juventud, que denotan travesuras, picardías y vivencias. Épocas agridulces del sentir universitario recorriendo pasillos de facultad, desvelos, alegrías y tristezas, pero sobre todo sentir de complicidad. A estas amistades que fueron creciendo como vergel y hoy son un bosque de gran variedad; aquellos que en su momento me brindaron su hombro para llorar, el que guardó los secretos, los que se hicieron amigos de mis padres y hermanos y aun hoy forman parte de mi hogar.

De mi infancia felizmente vivida en mi calle 03 sin igual, el Alto de los Godos de Maturín dio origen a florecillas que mi corazón siempre recordará, allí no tenía conciencia de ser “jardinera” sino una flor más, que junto a Mariela, Pachi, Gerardo, Nelson Julio, Nené, Cheo, Chelique, Ana  Karina, Anaika, Chúo, Yatci, Daniel, Laura y por supuesto mi querida hermana Roraima como mariposas silvestres revoloteábamos sin parar. Mis queridos primos Mariela, Marbys, Marbelis, Julio, Carlos, Jean y Gabo  fueron siempre el complemento perfecto de este lugar singular. Calle 03 Infancia

Rosangel, Roca, Arquímedes, Rosalba e Ysaccis fueron hermosas flores que en mis inicios de liceísta llenaron de colores mi nueva plantación haciendo así más agradable mi formación.

Los amigos de mis hermanos también se hicieron presentes porque conformamos una familia más, de manera especial mi mente evoca los mejores momentos donde los cocoteros y uveros eran las plantas favoritas de ese lugar y la familia Loroño Gonzalez siempre fue ese paraíso donde daba gusto regresar.

Creciendo fue necesario nuevos horizontes vislumbrar, sin embargo esto representó otra tierra para cultivar, llegaron Rosanny, María, Carlos, Anais y Miriam que más que amiga fue madre y con cuatro hermanos más mi jardín quiso adornar. Francys, Luisa, Llanely, Ricardo, Wilmer allanaron el camino colegial.

Gloria y Yamilet crecieron de tal forma que hasta hoy representan ceibas o samanes de esas que crecen poderosas  permaneciendo en el tiempo y cada vez se aprecian más.

Si observo mi paisaje, mi derredor, mi bosque de amigos está cada día más florido, nutrido y cargado de diversidad. Cada cual es diferente pero juntos exudamos libertad, libertad de contarnos sueños alcanzados o los pendientes por lograr, libertad para contarnos lo que una vez nos hizo reír, llorar y soñar. A este lugar especial lo  llamo «la Casa Más Alta» y allí disfruto ver su variedad, donde cada árbol y cada flor tiene un nombre que hoy quiero destacar, se llaman Tamara, Katty, Víctor, Esther, Sarita, Crisálida y mi especial Mario que en vivencias de esa época siempre destacará. Silverio y Mirelis cada día más presentes, recuerdan que la amistad es algo más.

Grupos

Siempre amante de las variedades quise incorporar muchas más a este hermoso jardín que me regaló la universidad, por eso siempre están, Norma que se ha transformado en esa planta cuya raíz nunca puedes arrancar, Elsa, Luzmary, Nella, Fina, Carmen Alicia y hasta hay un árbol que se apellida Cazar.

Existen varios Jorges cada uno más especial, Romi, César, Terángel que aun en la distancia se hacen notar. Cada José sigue presente, aunque mi querido José Maita merece una mención especial, bordeados de Adelvis, Alexandra, Manuel, Rodolfo, César, Rossana, Susana, Jenny, Yurika y las Rositas que no pueden faltar.

Hay un lugar especial de ese bosque donde  brilla la perpetuidad, donde literalmente crecen las más hermosas flores para que mi mente jamás los pueda olvidar, allí se conservan intactos Estelio, Narkys, Rossana y María Eugenia no los quiso hacer esperar más.

Los caminos de la vida por diferentes etapas me han llevado a andar, como dice el poeta “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, en mi camino sigo plantando semillas de amistad y en los fueros del trabajo también pude cosechar, se dice que no es terreno fértil para lograr cultivar sin embargo allí nacieron Dálida, Nivia, Ingrid y Paco que más que amistad nos une una gran hermandad, con el paso del tiempo florecieron Alejandro, Audy, Kathy, Yurbelis, Elis, Acosta y Renal, Pablo, Arturo, Elizabeth, Lea, Ema, Miguel (Michael), Marlin y Ana cuyo aroma delicado hace apacible mi andar. De igual forma con otros tantos, ese jardín pude admirar.

Francys creció y con ella llegó Alicia poniendo el equilibrio con su contemporaneidad, Belkita y Belis jamás se harán olvidar. En este mismo ambiente creció un jardín particular con siglas de importancia (VIP) me  honraron con su especialidad, Daniela, Wilmer, José y Yuruari hicieron con su armonía un regalo sin igual, donde la brisa serena, el sol y la arena, una línea de horizonte me hicieron contemplar. En este mismo grupo Anais y Jean lo complementan desde hace mucho tiempo atrás, donde se evidencia que no hace falta la sangre para sentirse hermanos de verdad.

La vida te da “familia” disfrazados de amistad y son como ángeles en la tierra que de ti siempre cuidarán, así siempre están presentes Mercedes y Aixa, que junto a mi madre demostraron que no hay edades que puedan distanciar, cuando un maravilloso paseo estés dispuesto a dar, y ni que hablar de Josefina y Don Pedro que los brazos de su familia nos abrieron de par en par.

Los estudios y formaciones también te permiten sembrar y contemplar en la distancia lo que la naturaleza es capaz de dar, José Antonio Molina y Neudis son ejemplos sin igual, mis compañeros de la UCAB, donde mi querido profesor Jorge Oyaga expide un aroma sin igual,   Juveth, Edgar, Daccy imposibles dejar de admirar y con ellos todo mi grupo de conferencistas, su presencia día a día permite sentirse agradecido de la tierra fértil, que espera la mejor de las semillas para hacerlas germinar.

Me siento orgullosa de ser digna de cultivar y admirar cada uno de estos jardines que la vida me quiso obsequiar. Recientemente una nueva primavera ha llegado a mi vida impregnándola de diversidad, colores, aromas y luz, germinada en el más hermoso de los otoños ingleses, plantada con las sonrisas ingenuas y armoniosas que te hace dar la soledad, regada con el agua pura del cariño y sinceridad para verla retoñar.

Otoño inolvidable con apariencia de primavera, tus hojas en el césped, tu lluvia y brisa serena, inundarán siempre mi alma y le recordarán que en distintos lugares del planeta crecen las más espectaculares flores que se tejen como enredadera, Anaid, Victoria, Patricia, Rebeca, Askin y Orjowan tienen apariencia de rosas y tulipanes, aroma de jazmín y alegría de juventud, con ellas crecen abetos y eucaliptos de nombres Ghaytan, Faisal, Nick,Yahya, Alí, José, únicos en su especie y una vez plantados allí será imposible su aroma olvidar.

En el viejo continente nuevas semillas frutos en abundancia dan y  mi paladar se embelesa al poderlos disfrutar, allí están Carla y su madre, Odila, el inolvidable José Antonio, María y Peter que hacen siempre querer regresar.

Todas estas plantas con su nombre particular tienen en mi corazón un lugar especial, sus raíces son  tan profundas que no hay tiempo ni distancia que las pueda marchitar. Hacen sentir mi corazón como un rompecabezas donde si falta una pieza, nunca se sentirá igual.

Le pido a Dios que siempre nos regale el tiempo de regar, quitar la maleza y abonar, admirar sus aromas  y contemplar su inmensidad.

Gracias por hacerme jardinera, guardabosque y flor de esta mi reserva natural, que me permite recargar energías sólo con recordar y a los que aún están presentes, no consintamos que el día a día implante la sequía en tan hermoso lugar.



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