¿Una talla única encaja para todos?

¿Quién determina la medida de una talla única? ¿Qué hace que esto nos parezca normal y que entrar en un mismo molde o en un patrón preestablecido determine nuestro sentido de pertenencia y afecte nuestra autoestima?

Esto me recuerda una historia que le escuché a una hermana que vive en Argentina. Ella me contó que en ese país había tiendas de ropa que vendían solo tallas únicas. Ella es de contextura delgada, pero tiene caderas anchas. Yo recuerdo con asombro que me decía que no entraba en esta ropa (ni por lo flaca que era). Esta situación la indignaba, pero nunca la llegó a afectar demasiado. Ahora me doy cuenta de que ella siempre ha tenido una buena autoestima y seguridad con su aspecto físico.

Con lo que conté anteriormente, ¿a cuántas personas les habrá acomplejado esto porque sintieron que no eran muy normales ya que no podían o les era casi imposible acomodarse en aquellos estrechos atuendos? Lo que queda en la incógnita es quién determinó que ese era el estándar de lo mal llamado «normal». ¿Quién dice que todos debemos caber en una medida determinada?

Esto no solo esto sucede con la ropa. Hay una tendencia de muchos años que hoy pareciera seguir vigente y es que encasillamos a la gente. Las hacemos meterse en cajas para «encajar» y para pertenecer a ciertos y determinados grupos.

La talla única inevitablemente trae a mi mente recuerdos de mi infancia, cuando viene a mi memoria la niña que fui, que no se acoplaba a ningún grupo. Que no encajaba.

Yo nunca fui nerd (estudiosa), ni mucho menos cuadraba dentro de las populares del colegio. Por muchos años sufrí de lo que hoy llaman bullying. El sobrepeso y todas estas diferencias que tenía con el resto de mis compañeras me hacían sentir que no pertenecía a ningún grupo. Ahora, con el pasar del tiempo y la madurez me doy cuenta de que el ser diferente y no cuadrar en los grupos me afectaba en la medida directamente proporcional a mi relación conmigo (la cual confieso no era de las mejores).

Hoy tomo responsabilidad por la parte que me toca. Sé que nada ni nadie puede determinar el estándar de lo que es considerado normal para la sociedad. Considero que el valor que tenemos no lo determinan la condición física, y mucho menos las opiniones de los demás.

La madurez que me dio el tiempo me trajo de alguna manera la aceptación. Empezó sinceramente a no importarme calzar en determinados grupos.

Pero ¿qué pasa para los que sienten que sí les afecta?, ¿cómo pueden evitar que estos sentimientos de no pertenencia les haga llevar el lastre de lo que significa sentirse en la necesidad imperiosa de ser aceptados? Solo puedo responder esta pregunta recordándote siempre que nadie es igual a ti y esto indiscutiblemente es lo que te hace ser una persona única y maravillosa tal y como eres.

Todos somos diferentes en tamaño, peso, edad, y siempre estos números estarán variando al pasar de los años. Es por ello que aceptar cada etapa (la cual nunca se podrá comparar con ninguna de las que anteriormente vividas) hará de nuestros momentos joyas invaluables en nuestra memoria.

Debemos de igual manera saber que nuestros sentimientos, creencias y pensamientos son diferentes con base en nuestra educación o el ambiente donde crecimos y que cada una de estas características hace que seamos seres irrepetibles y deliciosamente únicos.

Así que la próxima vez, cuando sientas que no te acoplas a un patrón, ve lo especial que eres y ¡empieza a creértelo! Con esto de seguro comenzarás a romper los estereotipos que ya van quedando fuera de moda.

Cuando nosotros mismos nos ponemos en cajas lo hacemos porque queremos conectarnos y, lejos de ello, lo que logramos es todo lo contrario: una desconexión.

Conectemos, entonces, a través de lo que nos gusta y respetemos lo que nos hace diferentes porque indiscutiblemente hay un mundo que nos espera afuera de esas cajas, etiquetas o tallas únicas. Esa vasta abundancia de gente, momentos y conocimientos esperan por cada uno de nosotros.

Cuando sientes que te meten en los límites de una talla o una caja que no es tuya, mi invitación es a no encajar en ella.



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