Una visita en Navidad

Se presentó el 2 de diciembre, a las 11 de una mañana clarísima, con unos girasoles que lucían preciosos entre ramas de pino y eucaliptos. Una sonrisa radiante y una pequeña caja. El girasol busca siempre la luz del sol, como el alma busca incansablemente, la llama incesante de lo Divino.

Nos dimos un fuerte abrazo. Yo había puesto a enfriar una botella de tempranillo, tenía nueces, unos dátiles y pan de jamón para compartir. Mi amiga Carmen América es un ser que trae buenas noticias, su conversación es amena, interesante, y siempre que puede, está dispuesta a ayudar a quien lo necesita.

Moría por saber lo que estaba en la caja. Cosas inapreciables, postales de sus viajes a Italia y a Israel. Ilustraciones de la Virgen y un paquetico de tierra y hojas del Monte Los Olivos, lugar donde Jesús de Nazaret enseñó a sus discípulos. Ella misma recogió la tierra y las hojas, para estar segura de que eran auténticas. También me trajo una pequeña botella con un relieve de la Virgen María, en la que guardó un poco de agua del río Jordán. Me sentí muy feliz, y después de compartir las noticias familiares, la conversación nos condujo a la Bienaventuranzas (Mateo 5, 1-11). Busqué el libro Viviendo el Evangelio, y leímos: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia». Y la reflexión del libro es la siguiente:

Bienaventurados los que practican la «verdadera» misericordia: perdonando las ofensas, soportando con amor y corrigiendo del mismo modo los defectos de los otros; prestando su servicio de acuerdo a la Voluntad de Dios, dondequiera y con cualquiera que lo necesite. Ellos alcanzarán misericordia, porque como hicieran con los otros, así hará Dios con ellos». Mi amiga y yo continuamos leyendo las Bienaventuranzas de Jesús, y comentamos que solo cumpliendo estos preceptos basta para llevar una existencia plena de sabiduría.

Estas fechas son oportunas para acercarnos a nuestros amigos, familiares o vecinos, no hace falta llevar cosas de valor monetario. Un detalle basta, unas piedrecitas de un camino agreste, una bolsita de hojas de eucalipto, arena de mar, una postal… Lo esencial es la energía y la intención.

Amigos lectores, hasta pronto. Una Navidad llena de nuestros mejores propósitos para ustedes.



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