Universidades tradicionales en peligro de extinción

De acuerdo con David Roberts, experto en innovación y miembro de Singularity University (SU), la universidad de Silicon Valley, el negocio de las universidades tradicionales tiene sus días contados (1).

Y eso ¿qué quiere decir?

Para Roberts, las universidades no han evolucionado mucho en cien años de historia y, además, han sido particularmente ineficientes en la resolución de los principales problemas de la humanidad, que según SU, son doce y se subdividen como sigue (2):

La satisfacción de las necesidades de recursos:

  • Energéticos, acuíferos, alimenticios, de albergue, espaciales y ambientales.

La satisfacción de las necesidades sociales:

  • Capacidad de recuperación ante los desastres, gobernabilidad, salud, aprendizaje, prosperidad y seguridad.

Todos estos problemas son abordados desde tres perspectivas:

  1. Asegurar las necesidades básicas a todas la población.
  2. Sostenibilidad y mejoramiento de la calidad de vida.
  3. Disminución de los riesgos futuros.

Roberts continúa diciendo que en los últimos años hemos vivido la mayor disrupción de la historia de la educación, y las universidades no están dispuestas a transformarse y abandonar su metodología obsoleta. No están siendo capaces de adaptarse y fluir con los cambios en el entorno. Quizá deberíamos sentarnos a esperar a ver cuáles son las que van a sobrevivir. Solo aquellas con una poderosa marca lograrán mantenerse.

La principal función de las universidades en la era industrial ha sido proporcionar a las empresas la mano de obra calificada que se requería para ocupar los puestos de trabajo en distintas industrias, con lo cual se han dedicado a graduar a profesionales en serie: administradores, ingenieros, contadores, economistas y una extensa lista. No obstante, hoy estamos en plena carrera hacia la robotización de los puestos de trabajo y sería bueno preguntarse si realmente en los próximos diez, veinte o treinta años el mundo va a requerir tantos de estos profesionales tradicionales.

Realmente el mundo hace diez años no requería de community managers, desarrolladores web, youtubers o desarrolladores de aplicaciones para Android, networkers y muchos más. Y peor aún, eran prácticamente nulas las opciones de matrícula disponibles en las universidades tradicionales para estas profesiones, incluso hoy las opciones de matrícula siguen siendo nulas o escasas en la mayoría de las universidades. El cambio está ocurriendo y las universidades siguen sin reaccionar. Hoy en día un youtuber puede ganar mucho más dinero que cualquier egresado universitario con diez años de experiencia y empleado en una empresa transnacional.

A Roberts se le preguntó: ¿hay alguna plataforma de aprendizaje online que esté destacando sobre las demás?, él comenta que sí: Udacity (3)que es un instituto propiedad del otrora profesor de Stanford, Sebastian Thrun, experto en inteligencia artificial en EEUU y cuya promesa básica es: «Si terminas el curso a tiempo te devolvemos tu dinero y además, si luego de tres meses de finalizado el curso no consigues empleo también te devolvemos el dinero». Te pregunto: ¿crees que tu universidad tradicional, tu alma máter, te va a devolver el dinero si no consigues empleo luego de tres meses de graduado? Es como para, al menos, ponerse a pensar.

En honor a la verdad si ellos (Udacity) preparan a profesionales en carreras prácticamente nuevas, esa es una promesa un tanto sencilla de cumplir. Pero, ¿por qué el resto de las universidades no compiten en ese mercado? ¿Por qué se tardan tanto en ampliar sus programas de formación o en introducir nuevas opciones educativas? He allí precisamente el meollo del asunto. Pareciera cierto creer que la educación que está cambiando al mundo, hoy en día, está ocurriendo fuera de los claustros educativos.

Hasta aquí podemos concluir que aunque hoy tenemos muchos avances tecnológicos, la educación como sistema, como medio para lograr alcanzar los más grandes objetivos de la humanidad no ha evolucionado mucho y está a punto de extinguirse. Con lo cual pudiéramos decir que las universidades son los dinosaurios de nuestra era. 

No obstante, me hice dos preguntas para que poder formarme mi propio juicio al encontrar las respuestas:

1) ¿La humanidad ha podido dar solución a las necesidades básicas de alimentación, albergue, salud y educación?

Según el Programa Mundial de Alimentos (4), una de cada nueve personas en el mundo no tiene suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa. Son aproximadamente 975 millones de habitantes, el 12,9 % de la población de los países subdesarrollados tienen desnutrición, el 45 % de las muertes de los niños menores de cinco años son causadas por nutrición deficiente.

Al consultar el informe sobre el desarrollo humano de las Naciones Unidas del año 2015 (5) dice y cito: «nunca ha habido peor momento para tener un perfil de trabajador solo con competencias y capacidades comunes, ya que las computadoras, los robots y otras tecnologías digitales están adquiriendo estas competencias y capacidades con una rapidez extraordinaria». Tanto porque pueden ser reemplazados por robots o sus puestos de trabajo serán cada vez peor remunerados y en consecuencia no podrán cubrir sus necesidades básicas.

Definitivamente, pareciera que la educación en cien años no ha dado solución a todas las personas para que puedan satisfacer todas sus necesidades básicas.

2) ¿La humanidad ha podido dar solución a las necesidades de convivencia necesarias para la preservación de la especie?

Quizá a primera impresión creemos que habitamos un mundo en paz, pero pareciera que no es así. Basta ver la manera como la mayoría de nosotros se relaciona con sus propias familias, padres, esposas/os, hijas/as, etc. Y la manera como nos cuesta poner de nuestra parte como personas para corregir aquello que no nos hace bien a nosotros y a ellos. A lo mejor esto le parezca un simple juicio de mi parte, pero pareciera ser una de las causas que generan el hecho que se confirma a continuación: al consultar el mapa de conflictos en el mundo del año 2016 publicado por el diario La Vanguardia (6), notamos que al menos diez países tienen conflictos armados, 25 países tienen conflictos armados y tensión política y un total de 43 países tenían para el momento de dicho artículo tensión política, económica y/o social.

En definitiva, si hay 78 países con algún tipo de conflicto, definitivamente la educación no ha logrado contribuir de forma contundente a la convivencia en el planeta, o por lo menos no ha podido influir en la forma como convivimos y nos relacionamos la mayoría de los habitantes del planeta.

Los hechos parecen ser contundentes y Roberts pareciera tener la razón en el tema. Las preguntas aquí serían: ¿qué van a hacer las universidades para evitar extinguirse?, ¿qué vamos a hacer nosotros, como individuos, para no quedarnos atrás en nuestra educación mientras las universidades despiertan?, ¿será que las universidades son el único nivel de la educación tradicional que ha fracasado en contribuir a los principales problemas mundiales?, ¿los cambios de metodologías y de contenidos deben ser hechos también en la educación inicial, básica y bachillerato?, ¿están nuestros docentes preparados para cambiar semejante chip de cien años de antigüedad?, ¿estamos los padres para comprender lo que esto significa?…

Muchas preguntas por responder, mucha incertidumbre y un tema fascinante que pudiera determinar si la especie humana podrá pasar a un nivel intelectual, social, político, económico y humano mucho más sofisticado al que sostenemos en el presente, que nos permita dar solución a los problemas de vivir y de convivir.

Que bueno sería una educación que nos invite:

  • Más a vivir plenamente que a sobrevivir.
  • Más a aprender que a memorizar información.
  • Más a aceptar las diferencias que a rechazarlas.
  • Más a desarrollar nuestras capacidades.
  • Más a respetar al otro que a subyugarlo.
  • Más a colaborar que a competir.
  • Más a soñar, a crecer, a desplegar nuestras capacidades…

Ante este gran reto, ¿qué vas a hacer tú al respecto?



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