Urge reaprender a amar y cuidar a los niños

Urge reaprender a amar y cuidar a los niños

Vivimos inmersos en una matriz de opinión hostil sobre la infancia sostenida en creencias y doctrinas atávicas y hegemónicas que juzgan al niño como un ser inherentemente malo, caprichoso, manipulador, incapaz de comprender nada ni de autorregularse, a quien debemos doblegar para que obedezca o de lo contrario se pervertirá o convertirá en un ser incapaz de encajar en sociedad. Los niños en esta civilización tienen muy mala prensa, por eso decidí dedicarme al trabajo de lavarles la imagen invitando a conocer su mundo, a comprenderlos más, juzgarlos menos y establecer vínculos de respeto a su integridad como personas, previniendo aproximaciones violentas durante un período de formación que define el desarrollo de la salud mental de la humanidad.

Es un deber amarlos mejor, desmontar el modelo educativo basado en el adiestramiento y la obediencia, generador de violencias concretas y sutiles, que pasan por entender el castigo físico y psicológico como herramientas para educar, hasta sostener falacias como la de que «amar es malcriar», privando a las criaturas de las necesidades legítimas de amparo, mirada, brazos, nutrición epidérmica, presencia segurizante, dinamitando así el establecimiento de un vínculo de apego seguro.

Esto también es percibido por las criaturas como una experiencia violenta. La violencia de la soledad, del desamor, del miedo, del desamparo. Violencia que luego irradia al exterior a gran escala con síntomas como la delincuencia, el terrorismo, las guerras, el abuso de poder, la corrupción, las adicciones, la depresión y otras enfermedades. Incluso la devastación del medio ambiente.

Superemos la ignorancia, construyamos puentes para reconectar con los niños a nuestro cargo. Reaprendamos a sentirlos, amarlos y cuidarlos como ellos necesitan y no como terminamos creyendo que necesitan desde nuestra opinión distante y vertical sobre la real naturaleza infantil.

Necesitamos espacios de reflexión con adultos dispuestos a hacerse preguntas para comprender la propia infancia y la de los niños a su cargo, desmarcados de la ignorancia y del juicio de valor negativo que en general pesa sobre las criaturas.



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