El valor del inventario emocional

Siempre que se oye la palabra inventario se piensa que se trata de bienes materiales, de algún procedimiento empresarial o de un balance financiero. En la mayoría de las ocasiones, cuando se está evaluando o ya se ha tomado la decisión de emigrar, también la persona o grupo familiar se ve obligado a disponer de lo que posee y determinar lo que debe hacer con ello. En términos migratorios, aunque muchas veces no sea percibida de esa forma, ésta es una decisión que tiene un alcance que va más allá de lo que se puede ver a simple vista y sus consecuencias pueden ser impactantes y devastadoras.

Aquí un ejemplo particularmente explícito. Alguien quien, al empezar a evaluar su futuro, contemplaba la posibilidad de emigrar a un país diferente al que lo había visto nacer. Con el propósito de estar preparado para poder tomar esa decisión en cualquier momento, decidió vender todas las pertenencias que le era posible vender, manteniendo solamente aquellas que le garantizaban su permanencia «transitoria» en su país dentro de un nivel de confort adecuado para él y su familia, tales como su vivienda principal, automóvil, etc. Él tenía un hobbie que lo había acompañado desde su niñez: coleccionar monedas. Había dedicado todo tipo de recursos en obtener monedas que eran importantes y valiosas para complementar su colección. Había monedas que no sólo tenían un valor material, sino también sentimental y emocional, bien sea porque habían sido regalos preciados de su padre o de amigos cercanos. Monedas en las cuales había invertido mucho tiempo y esfuerzo. Hasta había tenido que viajar muy lejos para «pujar» por ellas.

Como había tomado la decisión de vender todo lo que pudiera, así lo hizo sin establecer ningún parámetro sobre qué vender, o qué vender primero o qué esperar para vender después; si al principio o al final de su proceso. Llegó un momento en que, al vender algunas de estas monedas, aunque aumentaba su liquidez financiera y cumplía con el objetivo que se había trazado, también crecía en él un malestar incómodo e indefinido. En la medida en que se iba deshaciendo de aquellas monedas que tenían un valor que iba más allá del financiero, ese malestar se intensificaba.

Historias como ésta se oyen con mucha frecuencia dentro de ese grupo que considera, evalúa y/o toma la decisión de emigrar. Desde una casa, un automóvil, una mascota pasando por dejar de ser socio o colaborador, remunerado o no, en diferentes actividades.

Entonces ¿por qué el malestar? Se preguntarán. ¿Por qué no sentirse bien con una decisión «impecablemente» ejecutada y que va de acuerdo con un plan que apunta a favor? A la respuesta no se le llega fácil. Es compleja y varía dependiendo de cada quien. Y es que, a diferencia del inventario material y tangible, hay cosas que forman parte de nuestro inventario emocional y, esto, más que regirse por una regla o pauta específica es un tema absolutamente personal. Para este coleccionista, algunas de esas monedas representaban una conexión con sus seres queridos, momentos de disfrute y logro atesorados en forma de recuerdos inolvidables.

Hay también casos donde el inventario material y emocional están estrecha e íntimamente ligados por un vínculo inseparable. Por ejemplo, disfrutas enormemente de tu casa pero si no la vendes no tendrás el capital necesario para emigrar. Muchos dirán «Es sólo algo material» y no podrán ver más allá para darse cuenta que una casa no son sólo cuatro paredes, sino que es un hogar donde se han pasado momentos imborrables, donde se ha ido construyendo, de a poquito, una familia con amor y entrega. También hay quien dice: «me voy a desprender de lo que me sea más difícil para mí, ya que si puedo hacer esto, el resto será mucho más fácil». Esto no es necesariamente cierto ya que es muy probable que de lo que más cueste separarse, con seguridad, debe ser muy valioso dentro de su inventario emocional y por tanto, el malestar será mayor.

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De allí la importancia de identificar, dentro de tus posibilidades o con ayuda profesional si se requiere, cuáles artículos, propiedades o actividades forman parte de tu inventario emocional. Esta ayuda puede ser proporcionada por un asesor/a migratorio quien, bien sea por haberlo vivido en carne propia o por haberse entrenado para facilitar los procesos migratorios, es capaz de mostrar la empatía oportuna, la sensibilidad a tus necesidades y la comprensión necesaria para proveer del apoyo acertado. De no contar con este recurso, el apoyo puede venir por la vía de personas que te rodean donde tu intuición y experiencia te dicen que saben ser empáticos. Todos conocemos a alguien así. Quizás no lo ubicas de entrada pero seguro está allí y puede ayudarte de forma constructiva.

La mayoría de las veces son los costos emocionales los que más complican las decisiones y si no se identifica el malestar emocional que la pérdida de lo que se deja conlleva, éste último se convierte en un exceso de equipaje que dificulta cualquier otro paso que se necesite dar en la búsqueda de un mejor destino.

Si puedes reconocer, con ayuda o no, tu inventario emocional y preguntarte si:

  1. Tendrías la posibilidad de separarte de él sin dejarlo de lado de buenas a primeras sin importar las consecuencias o
  2. Cuándo es el mejor hacerlo si al principio, durante o al final del proceso o
  3. Si es posible no hacerlo si no es rigurosamente necesario

estarías amortiguando uno de los grandes pesos que conlleva el tránsito migratorio.

 



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