Venezuela y la teoría de conflictos

Este post, continuación del escrito la semana pasada, está basado en el trabajo realizado por el licenciado en periodismo Percy Calderon Concha, investigador-colaborador del Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada (España).

No es tarea fácil discurrir lo que ha estado ocurriendo en la Venezuela de hoy y también en otros países como Ucrania.  Pero este trabajo nos permite adentrarnos un poco más en las entrañas de la situación y entenderla mejor.

Los conflictos han sido una constante en la historia de la humanidad. Estos no son malos ni buenos en sí mismos. Todo depende de cuales son los objetivos. En algunos casos, los conflictos constituyen la force motrice que genera verdaderos cambios en beneficio del hombre. Pero en otros, el conflicto se trasciende a sí mismo y se convierte en violencia lo cual conlleva a la deshumanización. Es en este punto en el que nos encontramos en la actualidad. Se ha establecido el paradigma, erróneo a mi manera de ver, de si vis pacem, para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra).

Partiendo del pensamiento de Galtung, sociólogo y matemático noruego, la génesis conflicto en Venezuela podría explicarse, entre otras cosas, por:

  1. El exacerbar aspectos interiores del ser humano como el odio, producto según Freud, de procesos y contradicciones internas.
  2. Incompatibilidad de los objetivos de las partes implicadas
  3. Contradicciones intrasociales.

En las últimos tres lustros, las actitudes de las partes en conflicto no han sido, en su mayoría, de amor y respeto sino de desprecio y odio. En el comportamiento social prevalece el tratar de perjudicar y causar dolor al otro y no de buscar objetivos comunes y tener una acción creativa. Lamentablemente, las partes implicadas, incluyendo políticos y medios de comunicación, se centran en que sus conductas y actitudes son positivas y las del otro suelen describirlas como negativas.

Cuando no se observa una situación en su totalidad se tiene una visión limitada del conflicto y esto lleva, de manera indefectible, a un manejo inadecuado del mismo. Por otro lado, el actuar con odio y con poca formación en la conducción de procesos de paz y conflictos, ha llevado a la indiferencia o ceguera de los actores políticos ante los hechos de violencia.  Esta, la violencia, puede residir en el sometimiento de quienes piensan diferente.

Lamentablemente se han creado dilemas, disputas y contradicciones con objetivos autodestructivos o con la intención de eliminar al otro. Vivimos inmersos en una violencia directa (física, verbal  o psicológica), una violencia estructural intrínseca en el sistema político, económico y social y una violencia cultural (ideologías, lengua y arte, banderas, himnos, desfiles militares) para justificar la violencia directa y estructural.

Para concluir, este panorama sombrío y complejo requiere igualmente de respuestas complejas y multidimensionales.  Galtung propone la reconstrucción tras la violencia directa, la reconciliación de las partes en conflicto y más que nunca la resolución del conflicto subyacente. En este sentido la propuesta es si vis pacem para pacem (si quieres la paz, prepárate para la paz).

Imagen de Coral Hernández Finol



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