Venezuela: violencia y su impacto en ti

Venezuela violencia

Entendemos como violencia el uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo. Es una conducta instintiva, básica y alejada de lo racional, que surge como ataque y como defensa. La primera reflexión que te invito a hacer es preguntarte si dentro de tus valores y creencias la violencia es aceptada, si te parece una opción válida como forma de reacción.

Vemos escenarios grotescos en nuestra amada Venezuela: injusticias, muertes, impunidad y hasta reconocimiento hacia quienes cometen actos que deberían ser penados, situación que ha dejado de ser eventual para pasar a ser sostenida y donde cualquier intento pacífico es dejado de lado ignorando a quien lo ha solicitado e, incluso, más allá, a ser burlado, retado, ridiculizado. Surge así la pregunta: ¿qué hago con tanta indignación, con tanta impotencia?

¿Es volverte violento la salida, la respuesta? La probabilidad de desarrollar conductas violentas es menor en aquellas personas en las que los valores de amor y respeto están sólidamente instalados en su sistema de creencias, pero, aun así, pudieran por lo antes expuesto llegar a manifestarlas.

Ante esto que ocurre sobreviene en la mayoría de los venezolanos un complejo coctel emocional compuesto de muchos elementos, entre los que podemos mencionar la tristeza, la impotencia, la desesperanza, la rabia, el miedo… Ante estos estados emocionales sostenidos, puede ocurrir que algunas personas pasen la raya amarilla que los llevaría al desarrollo de conductas violentas, entendiendo que no solo se refieren a agresiones físicas, sino emocionales hacia otras personas, incluso, ante otros que nada tienen que ver con la situación, pero que reciben el embate del estallido violento de quien se ha dejado dominar por emociones que siente que lo sobrepasan. Es decir, muchos están “de a toque” y les cuesta aceptar ideas distintas perdiendo así la tolerancia dentro del marco de sus relaciones sociales.

Dicho esto, la invitación es a pensar en los resultados de caer en aquello en lo que no crees, en aquello que rechazas. Sin desconocer la realidad que nos golpea, la pregunta que surge es: ¿cómo hago? No solo para no caer en esa violencia, sino para poder mantener la cordura, el equilibrio emocional.

  • Revisa cuánto tiempo de tu día estás inmerso en las redes sociales hablando de lo mismo, contaminándote. Una cosa es informarse de lo que está pasando y otra muy distinta es entregar tu día a dar vueltas y vueltas sobre noticias que te hacen daño. Si esto resolviera la situación, pues perfecto, pero sabes que no es así, lo que logras es mantenerte alterado(a) en forma constante.
  • Dedica el mayor tiempo posible a prestar atención a las cosas positivas que están ocurriendo (porque sí ocurren), como por ejemplo, los actos de bondad de personas llevando comida a los más necesitados, las campañas de ayuda por medicinas, la espiritualidad y fe en Dios renovadas en estos momentos, etc.
  • Busca caminos para drenar y liberar esas emociones que te lastiman, y aquí cada quien con lo que lo haga sentir mejor. A mí me funciona aislarme a ratos, conectarme con mi silencio y mi fe en Dios; a otros les funciona liberar con actividad física, con la lectura, con la meditación, etc.
  • Ayuda a otros, sentirte útil, regalar soporte, una sonrisa, un abrazo nutre el alma. Recuerda que lo que sucede no es una situación que te afecta solamente a ti, es un tema colectivo. Entender que estamos juntos en esto, si bien no desaparece la situación, permite verla desde una perspectiva más sana.
  • Sé compasivo contigo y con los que te rodean. Entiende que la sensibilidad está al máximo y reconocerlo es un gran paso para desde allí lograr canalizar.
  • Ten fe, sin fe es muy fácil caer en la desolación y la desesperanza. La espiritualidad te dará fuerza para ser resiliente.
  • No anticipes escenarios devastadores, el miedo te puede llevar a pensar cosas espantosas. ¿Qué logras con eso? Hasta masoquista parece, ve paso a paso, un día a la vez.
  • Apóyate en tus seres queridos, comparte, recuerda que las mejores cosas de la vida son gratis y el amor es altamente sanador.

A ti que me lees y en especial a quienes como yo viven en Venezuela, aprovecho para enviarles un abrazo fraterno e invitarles a reflexionar sobre estas líneas, a creer que vamos a resultar fortalecidos, que nos espera un importante trabajo de reconstrucción y que para ello necesitamos equilibrio emocional. No permitas que te sea robado, no te rindas, tú puedes… Tú mereces bienestar y quienes te aman, al igual que tu país, te necesitan sano (a) y en paz.



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