Viajar sola

Mi madre me crió para la independencia. Frases como “tú sólo cuentas contigo en esta vida” y medidas como mandarme cada año a un campamento distinto y sin amigas, fueron mi infancia. Habrá quien lo vean como una crianza un tanto radical y por supuesto que me quejé mil veces, sin embargo, la capacidad de adaptarme a casi cualquier situación con absoluta naturalidad se la debo por completo a ello.

Sin duda es por eso que adoro viajar sola. Por supuesto que gozo viajando con mis amigas, sueño con andar de la mano de mi amado por el mundo y hasta en grupo me la he pasado divino, pero hay algo en el hecho de andar de mi cuenta que hace que me deshaga de ataduras cada vez que puedo.

Para mí, más que un tema de introspección, de ver hacia dentro o encontrarme conmigo, se trata de la oportunidad de abrirme a nuevas experiencias, conocer gente nueva, ir a mi ritmo, hablar con desconocidos, cambiar los planes y vivir realmente de cerca el paisaje humano.

Cuando andas realenga por la vida siempre habrá alguien que decida “adoptarte”, llevarte a comer a un lugar que sólo los locales conocen, montarte en una lancha a conocer más allá porque total eres tú sola, dejarte entrar en su casa para conocer cómo se vive ahí y hasta hacer lazos de amistad que puede duren toda la vida.

En el Acopántepuy conocí a Gabi que me curó el alma, en Los Roques a Federico Cabello que me llevó a pescar y me hizo fotos submarinas en un barco hundido, en Morichal Largo conocí a Yoel que me habló del Relámpago del Catatumbo y con su dato fui dos veces, en Paria me fui llorando de Playa de Uva porque quería quedarme con Amanda, Fabián, Marta y Lilo, en Puerto Ordáz hice kayak por el Caroní porque sólo había un kayak extra, en La Llovizna conocí a Gabriel que me llevó hasta la parte más alta del salto y en la Laguna de Tacarigua volé en paramotor para verla desde el cielo. Todo de mi cuenta, libre, abierta a ver, sentir, indagar, explorar, fiel a mi instinto y decidida.

No, jamás he sentido miedo, por el contrario, estoy convencida de que la soledad me protege. Cada vez que he estado en apuros se me ha tendido una mano porque el hecho de estar sola hace que la gente se te acerque.

En Junio iré a México a nadar con los tiburones ballena en Isla Holbox. Ya hice mi reserva en un hotelito frente a la playa. Cama para uno y todo el universo esperándome.



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