Un reencuentro con la energía vital

¿Por qué la magia de un determinado lugar puede quedarse en tu mente para toda la vida? se pregunta Marisela Toro en su artículo El Lugar Poderoso, que publicó aquí mismo, en Inspirulina.

Una pregunta con múltiples respuestas. Quizás cada quien tenga la suya propia. Hay lugares especiales y otros que nosotros hacemos especiales. Lugares que nos recuerdan momentos maravillosos y otros que nos impactan por su energía y vibración, por su monumental existencia.

Personalmente, tengo mis favoritos. Esos sitios a los que decido volver cada cierto tiempo, para recargar baterías y conectarme con la energía vital de la vida. En esta entrega, quiero compartir contigo dos de mis imprescindibles, a un mes del inicio de una de mis fechas ideales para viajar: la primavera.

playa-grande-choroniChoroní, estado Aragua, Venezuela

Volver, más que una opción, es una necesidad. Es difícil que en un solo lugar se reúnan todas las condiciones que promete Choroní, nombre que otorgamos cariñosamente a toda la zona que comprende el mismo pueblo de Choroní y Puerto Colombia. En este lugar, no solo se encuentran disponibles algunas de las posadas más bonitas de Venezuela, sino que también las hay para todos los gustos y presupuestos. Casas de colores una junto a la otra, restaurantes variados a la altura de los paladares más o menos exigentes, que desembocan en su gran malecón, con las creaciones de artesanos de todas partes del mundo y noches marcadas por el golpeteo de sus tambores.

Desde Choroní hay peñeros disponibles que nos trasladan a distintas playas como: Chuao (donde se siembra el mejor cacao del mundo), Cepe, Uricao, Cuyagua y pare de contar. Mi playa favorita es sin duda Playa Grande. La más accesible de todas desde el puerto, en carro o a pie. Su arena temperamental, que varía entre tonos dorados, rojos y blancos. La fuerza de sus olas, la transparencia de sus aguas, el verdor de sus palmeras y montañas, se convirtieron en mi destino imperecedero. Hay quien se queja de la carretera para llegar, pues hay que atravesar el Parque Henry Pittier por dos canales, el de ida y el de regreso. Para mí, el bosque y la carretera en sí misma, son parte del encanto.

stonehengeLondres y Stonehenge, Gran Bretaña

No sé en qué consiste exactamente, pero me sobrepasó desde el primer momento. Normalmente, prefiero los destinos naturales. Un bosque, una playa, un desierto, pero es probable que Londres sea la máxima expresión de una jungla, creada por el hombre.

Hay quien se queja de la frialdad de sus habitantes, pero no podría nunca meterlos a todos en el mismo saco. Londres alberga la multiculturalidad en sus venas. Cada calle parece tallada a mano, esculpida con esmero por años y mantenida por quien aprecia vivir en la ciudad, en la jungla de cemento. Como gran anécdota, diría que experimenté una gran sensación de energía vital al pisar el puente desde donde se observa el Big Ben, el London Eye y el río Támesis. El Tower Bridge nos regaló una de las noches más especiales de la estadía.

En un quiosco de Picadilly Circus compré a un precio módico un tour a Stonehenge. Describir la experiencia no basta, hay que vivirla. Yo pensaba que delante de mí, iba alguien pintando el paisaje, que variaba entre verde grama y amarillo araguaney.



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