Viajar: una forma de aprender y vivir

Cada año cuando se acerca el 12 de octubre, se alborotan los debates sobre la llegada de Colón al continente americano, que alguna vez se celebró como el Descubrimiento de América, y luego como el Día de la Raza, de la Resistencia Indígena, del Respeto a la Diversidad Cultural, Encuentro de Dos Mundos o simplemente Columbus Day. Sea cual sea el nombre políticamente correcto de la fecha en estos momentos, o la celebración o no del acontecimiento, el asunto es que la hazaña del marinero genovés no sólo marcó un hito en la historia desde el punto de vista geopolítico, sino que es una muestra contundente del espíritu explorador del ser humano.

Colón no se conformó con lo que ya habían recorrido sus antecesores, sino que quiso ir más allá, buscar nuevas rutas, demostrar teorías. Han pasado más de cinco siglos y el hombre no ha dejado de viajar, de explorar de ir tras un sueño y a pesar de que la globalización nos ha hecho el mundo cada vez más pequeño y nos ha traído a casa una muestra de lo que existe más allá, la pasión por viajar sigue moviendo al ser humano y se ha convertido en una industria productiva.

Según el Barómetro de la Organización Mundial del Turismo (OMT) en todo el mundo se han producido 440 millones de llegadas turísticas desde enero a junio de 2011. Es decir que en los primeros seis meses de este año, todas esas personas llegaron a un destino fuera de su país.

turistas

Para darles otra idea del flujo de personas, solamente por el Aeropuerto Internacional de Miami pasaron en 2010 casi 36 millones de pasajeros que se trasladaron a 150 destinos. Estamos hablando de viajeros profesionales como Ryan Birghman (el personaje de Up in The Air que llevaba su vida en una maleta) familias de vacaciones, personas que visitan a sus amigos o familiares, emigrantes o simplemente turistas.

Viajar es definitivamente una forma de relajarse, pero además, es una forma de aprender, de conocer lugares, costumbres, sabores, de enriquecer tu vida. Quizás ya no sea tan arriesgado como en la época de Marco Polo, Colón o Magallanes, pero sigue siendo una aventura.

Si tienes en mente algún viaje, acá te dejo algunas recomendaciones, no de una experta, sino de una aficionada con algunas millas acumuladas y una vida llena de nostalgias.

Prepárate con anticipación. Hoy en día es fácil conseguir información sobre los lugares. Desde información práctica para el viajero hasta de la cultura misma y la situación del lugar que vas a visitar. Eso te puede dar una idea de qué vas a encontrar, de lugares emblemáticos, así como el tipo de alojamiento que puedes conseguir, entre muchas otras cosas. Puedes consultar desde guías oficiales hasta blogs personales para tener diferentes puntos de vista y tipos de información.

Déjate sorprender. Puede sonar contradictorio con el primer consejo, pero a mi me funciona saber qué hay, para escoger entre las muchas posibilidades o para no perder tiempo en trámites o en cosas que no puedo pagar; pero lo más importante es ir con la mente abierta, dispuesto a descubrir. Incluso si ya has visitado el lugar, siempre hay algo nuevo o que no viste antes.

Camina o toma el transporte público. No todas la ciudades son seguras o tienen buena vialidad peatonal, pero si la tienen, no dudes en echarte a la calle. Esa es la mejor forma de conocer pues no sólo ves lo que aparece en las guías sino que puedes descubrir lugares que a ti te interesan. Particularmente no soy muy amiga de los tours guiados, pero algunos paseos requieren de un guía experto, especialmente si te vas a recorrer lugares remotos. Si no, lánzate a explorar.

Prueba. Nunca se sabe de qué te estás perdiendo hasta que lo pruebas. Lo peor que puede pasar es que no te guste un plato o una bebida. Corrijo, lo peor que puede pasar es que no te atrevas a probar lo que podía haber sido lo más rico que has comido o bebido en tu vida, o que pudo haber hecho memorable aquel momento.

Habla con los lugareños.  Lo que te pueden recomendar los que viven allí es muy valioso. Siempre tienen a mano datos como pequeños restaurantes, mercados populares, ofertas en días determinados o lugares hermosos que no son necesariamente “turísticos”. Además, conversar con ellos te da una idea de cómo se vive allí, cómo es la cultura del lugar.

No tengas miedo a cambiar de planes. Si una vez en el lugar te encuentras con algo mejor de lo que tenías programado, o la lluvia no te dejó salir, o el museo que querías ver está cerrado; no te frustres, simplemente aprovecha de improvisar, después de todo es un momento para relajarse.

Documenta. Toma fotos y notas para revisar después que pasa la emoción y revivir la experiencia.

Viajar puede ser una experiencia enriquecedora que te cambie la vida. Al final, como decía mi abuela: “a uno nadie le quita lo bailao”. Sólo te dejo una advertencia: es adictivo.

Y tú, ¿qué me recomiendas?

 



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