Vida plena

Vida plena

Durante toda una vida nos dedicamos a llenarnos de satisfacción; buscamos como alquimistas la fórmula exacta para la felicidad, y en muchos casos lo que encontramos es frustración y desdicha, preguntándonos si la felicidad plena y perpetua no existe. Pues les diré que la felicidad perpetua NO existe, pero la vida plena sí.

Si buscamos la palabra felicidad en el diccionario nos encontraremos con que es un “estado de ánimo circunstancial”, es decir, depende del momento, no es eterno. Por el contrario, la definición de plenitud refiere aquel momento cuando la persona ha alcanzado su máximo desarrollo, lo que, en consecuencia, nos llevaría a la satisfacción total. Suena ambiguo cuando comparamos estos dos estados, pero definitivamente dependerá de las necesidades de cada uno, es decir, lo que a usted le llena de felicidad muy probablemente no llene de felicidad a su pareja, y aquello que hace sentir pleno a su esposo (a) a usted no le parezca en nada trascendental. Sin embargo, existen los puntos intermedios donde podemos conciliar las diferencias y trabajar por compartir o, al menos, respetar las discrepancias, entendiendo que cada cual tiene un propósito de vida y que desde la madurez decidimos o no flexibilizar y compartir con el otro ese lado íntimo de nuestra vida.

No existe una fórmula mágica para llegar a la plenitud, lo que sí es casi seguro es que en el camino hacia ella podemos encontrar momentos de felicidad que nos llenen la vida y el alma, que nos hagan crecer como personas y nos enseñen el valor de las cosas. Eso, en esencia, podría llamarse plenitud.

Imagen de Jill Wellington en Pixabay



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