¿Vives corrigiendo a tu pareja?

Eres lento, eres muy arrolladora, muy niña, muy holgazán, no respires, no digas, así no se dice, así no se escribe. Lo primero que debes saber es que en esto que hemos descrito hay una dinámica entre dos. Uno que corrige y el que se siente no suficiente y se deja o necesita ser corregido.

Hoy nos centraremos en quien le gusta ir corrigiendo por la vida y además se siente en la cúspide para mirar a todos bajo su ojo inquisidor. Y más si se trata de su pareja, a quien dice amar, pero a quien corrige tanto en silencio, con su energía o diciéndoselo, que termina diseñando a alguien que no es en realidad la persona que tiene a su lado.

Si te sientes identificado con el/la perfeccionista debes saber que a quien realmente estás corrigiendo es a ti mismo. El que no se siente suficiente probablemente eres tú.

Cuando estamos seguros de lo que somos y fluidos por la vida no nos detenemos a perfeccionar a los demás, solo los aceptamos tal y como son y hasta una sugerencia es ofrecida con el mayor respeto.

Sugerir es una cosa y corregir otra. Corregimos a nuestros alumnos, enseñamos a nuestros hijos, a nuestros empleados. Pero con la pareja tenemos otro rol. Si la vivimos corrigiendo, revisemos nuestro rol de padres con ella. No somos los padres de nuestra pareja y si eso no está claro ahora, puede traer inconvenientes en la convivencia, porque tarde o temprano el control estalla en ira y en frustración.

¿Qué tanto corriges afuera? ¿Qué no está corregido en tu mundo? ¿Cuán controlado(a) fuiste en la infancia o adolescencia que te volviste controlador con los demás?

Hay heridas que sanar seguramente. Normalmente están relacionadas con las figuras de autoridad en nuestro entorno más cercano. También están vinculadas con el sentirnos excluidos y buscar el reconocimiento de los demás.

A menos que seamos críticos especializados, criticar o hacer de terapeutas con nuestra pareja nos ubica en una relación desigual. “Yo estoy en un peldaño superior al tuyo», y desde allí la relación no tiene chance, parafraseando a la gran maestra Laura Acevedo.

Una relación de pareja debe darse en igualdad de condiciones, dos adultos responsables que deciden hacer juntos un viaje.

Es posible que en algún momento uno de los dos tenga un pensamiento más elevado y esto pueda ayudar en la evolución de la relación, pero este pensamiento elevado no es exclusivo de un miembro. El otro puede tenerlo en otras circunstancias y así en una danza maravillosa los dos pertenecen, se apoyan y se escuchan.

Si detectaste este síntoma de buscar la corrección constantemente en tu pareja es hora de mirarte tú.

¿Quieres estar en esta relación?

¿Te aceptas tal y como eres?

¿Estás en paz con tu historia?

¿Eres la persona con la que deseas pasar el resto de tu vida? (primero debes amarte y quererte para iniciar el viaje con alguien más)

¿Eres feliz?

¿La persona que amas es con quien deseas hacer este viaje y compartir tu felicidad?

¿Controlas para qué?

Lo que está afuera es tuyo. Aquello que señalas lo tienes en mayor o menor medida o es aquello que tienes que potenciar en ti. Si el otro te parece flojo, revisa que tan perezosa eres tú en algunos aspectos de tu vida o si por el contrario eres adicta al trabajo y el otro te muestra aquello que desearías hacer.

Y lo más importante, son dos seres independientes en el viaje, cada quien con su historia y su aprendizaje y ambos están en igualdad de condiciones.



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