Y vivieron felices… ¿hasta que cruzaron la frontera?

No es secreto que mi temperamento hace honor a mi apellido y a mi signo: Guerrero y Tauro. El primero se explica solo y al segundo no le puedo negar la terquedad. Y con todo y eso nos agarró fuera de base, tanto a mi esposo como a mí,  la primera vez que en nuestra vida de inmigrantes se me nubló la vista, me hirvió la sangre y cual olla de presión empecé a silbar (no precisamente, pero tienen la imagen) en una discusión.

La causa ya ni la recuerdo, pero sí que tengo fresquita la frase que despertó al Hulk que hay en mí: “por favor” –dice mi esposo, jurando que se la iba a comer – “baja la voz que en este país no están acostumbrados a estos  ‘volúmenes` y pueden llamar a la policía”.

Casi me lo como yo a él. La impotencia de no poder expresarme como quería, ni siquiera en mi casa, me desbordó. Mi rabia, aunque en ese momento lo parecía, no era contra él: nuestra discusión sirvió para canalizar las frustraciones que estaba viviendo como parte de la adaptación a una nueva cultura.

Distinguir el acelerador del desencuentro fue fundamental para hablar sobre los retos con los estábamos lidiando y conseguir formas sanas para “drenar” nuestras emociones. Y aunque este aprendizaje lo expreso en 3 líneas, vale decir que nos tomó un año de práctica.

Pregunté a otras 6 parejas inmigrantes sobre sus experiencias. He aquí algunos de sus  testimonios y reflexiones a tomar en cuenta si tú y tu media naranja están también considerando en explorar nuevos horizontes.

Sobre Unidad: “Es un matrimonio dentro del matrimonio: una vez que tomas el avión y tus tres maletas, te conviertes en los amigos, en la familia, en todo”.

“Nos hacemos terapia mutuamente: cómo te sientes, qué opciones tienes…”

Consejo: Revisa la solidez en tu pareja “¿Estás 100% pleno con la persona que te acompaña?”. Si la base de la relación no es buena puede ser riesgoso emprender un proceso de emigración.

El éxito de uno es el éxito del otro: En muchos casos “toca dejar de lado ambiciones personales para apoyar el desarrollo del otro”.

“Te topas con frustraciones personales, profesionales y familiares. De ser alguien en tu país pasas a ser un cero a la izquierda, y hasta el idioma es una gran barrera, es ahí cuando necesitas de una pareja comprensiva que te entienda y te ayude a salir adelante”

Consejo: Estar dispuesto a ayudar, sin importar que el otro surja más rápido.

Lo único predecible es el cambio: Cuando te mudas lo normal es convivir un tiempo con incertidumbre económica, inestabilidad laboral, nuevas reglas de juego, nuevos acuerdos de convivencia y sacrificios.

Consejos: “Tener disposición al cambio y a ser tolerantes”. “Paciencia y humildad, cada integrante de la relación tiene un ritmo y en algunos momentos alguno irá más rápido o más lento que el otro”

“Aprender de la cultura local, investigar sobre el país y estar agradecido de las oportunidades que te trae la tierra donde estás haciendo vida”.

“Tener un plan para estar activos y que ayude a integrarse en el sistema a nivel social y práctico”.

Visión compartida:  “Es recordar por qué estamos juntos, por qué decidimos emigrar y por qué seguimos luchando”.

Consejo: Evaluar qué es lo que quieren cómo pareja, ¿cuáles son las expectativas? ¿Qué quieren alcanzar? ¿Cómo se ven en 1, 3 y 5 años?

Y quizás tu visión coincida con el testimonio que hoy da esta pareja: “emigrar fue para nosotros aprender a querernos de verdad, a respetarnos, un factor que ahora nos permite celebrar 25 años juntos”.

¡Éxito y bon voyage!



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