¿Vivimos en una constante paradoja?

Una paradoja encierra una contradicción, por esto dentro de ella hay una simulación. Significa que alguno de los hechos que forma parte del sistema, toma la apariencia de algo diferente que por naturaleza no es.

Con nuestro sistema de valores pasa esto, muchas veces pensamos algo y actuamos de otro modo. Esto es una paradoja. Así, tenemos a la persona que piensa que su sistema de valores se rige por el amor, la fraternidad, la colaboración, la verdad y la amistad. No obstante, en su actuar diario engaña a su jefe, no ayuda a su amigo a culminar una tarea, desea a otro hombre o mujer que no es su pareja, no escucha cuando alguien en la calle le pide ayuda  y cuando llega a su casa después del trabajo, no besa a sus hijos.

La paradoja surge porque existe una contradicción entre el ser real y el ser ideal. El ser real que es aquel que responde a las obligaciones cotidianas y el ser ideal que es aquel que quisiéramos ser, son opuestos entre sí.

Ya Jean Baudrillard tocó alguna vez el tema de la contradicción, al hablar de los simulacros. Él reconocía la existencia de un tipo de simulacro que denominaba los simulacros de simulación que se basan “en la información, la híper-realidad, el control total y la operatividad total», donde el idealismo permite hacer oposición entre la utopía en contraposición a lo real.

De esta manera, la realidad actual nos impone un estilo de vida que está en contradicción con lo que en realidad queremos. La sociedad del consumo nos presenta un ideal de persona que se contrapone a lo que somos en el fondo; así que, parece que estamos condenados a vivir en una perenne paradoja.

Para Baudrillard este es el mundo en el cual vivimos, que no es ni más real, ni más imaginario, ni más ficción, sólo una regresión infinita de significado perdido sin fundamento, o más bien una percepción de los simulacros sin fin.



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