¿Y ahora qué hacemos?

¿Y ahora qué hacemos?

Se están transformando nuestras estructuras internas, poco a poco vamos manifestando un cambio que nos toma por sorpresa, no nos esperábamos y no estábamos preparados para ello, esta pandemia ha generado un quiebre profundo de la formas de estar parados en el mundo, de mirar el exterior con confianza teniendo cierto control de nuestras vidas y sus procesos presentes y futuros, la presión de las nuevas normas de comportamiento y formas de vivir la vida está generando en muchos de nosotros transformaciones las cuales unas pasan desapercibidas y otras son más forzadas más complejas.

En este tiempo hemos necesitado hacernos de nuestras mayores habilidades para sortear los cambios que estamos viviendo.

Muchos de nosotros hemos vivido la ansiedad, la angustia, la desesperanza y el estrés no el que provenía del exceso de trabajo y cosas que hacer sino del estrés mental que se produce por tratar de conseguir salidas y controlar lo que hasta ahora parece incontrolable como lo es cómo estabilizar nuestra economía, cómo replantearnos nuevas actividades que nos produzcan confianza, certidumbre y seguridad, y que decir de los apegos esos apegos más sentidos que casi son valores, el apego al trabajo, a la familia, al amor, todo está siendo trastocado, interna y externamente, ¿y ahora qué hacemos?.

No falta el que quiere y querrá volver a sus antiguas costumbres aferrados a un bienestar y un mundo conocido, viviendo en la negación de las actuales transformaciones.

Y está el otro el que se adapta el que reconoce el mundo actual como un escenario de nuevas interpretaciones, el que se flexibiliza ante los cambios y los sortea, pero como y desde donde logramos eso, a mi entender eso se logra desde la paz, la turbulencia emocional nos ciega ante eventos y posibilidades accesibles que solo podemos reconocer en un estado de paz.

Se dice fácil, la paz también es un recurso que podemos usar según lo requiramos pero hay que trabajarla, descubrirla, desarrollarla, para poder utilizarla según la necesitemos. Como un músculo se desarrolla con el uso y hay que mantenerla.

Justo en estos tiempos es imprescindible, se hace imperativamente necesario hacer uso de ella para recomponer los estados de seguridad y confianza que requerimos para afrontar las nuevas formas con que asumiremos el presente y el futuro.

¿Cómo lo logramos? ¿Cómo obtenemos esa anhelada paz en este tiempo?, afortunadamente es un recurso interno sobre el cuál si tenemos acceso. Debemos mantenernos en contacto con nuestro centro, con nuestra alma, en un estado meditativo permanente desde donde podamos reconocer que si podemos tener el control de nuestras emociones, desde donde podamos reconocer que nuestras mayores fortalezas son internas y que lo externo obedece al estado de calma que reine en nuestro interior y que permite ver nuevas y mejores posibilidades para reconstruir una vida que comienza a ser todo un reto para el humano, reto que si nos mantenemos en ese estado de paz podremos vencer.

Imagen de Daniel Reche en Pixabay



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