¿Y el Día Internacional del Hombre?

Cada vez que pido, como en la primera entrada que escribí hace tres años de Mujerabilidad, que por favor no me feliciten por el simple hecho de ser lo que soy por naturaleza, incluso muchas mujeres responden que están completamente de acuerdo con recibir todos esos mensajes cariñosos, rosados y amelcochados.

No puedo ni imaginar qué podrían pensar las primeras mujeres que lucharon porque nosotras pudiéramos estudiar en la universidad, ser profesionales y ejercer como tales, votar en las elecciones, vestirnos como nos provoque, y muchos derechos más que hoy nos parecen normales en esta parte del mundo, pero que durante siglos no tuvimos.

A partir de aquella lucha que comenzó a dar frutos hace solo 100 años, y de la gran cantidad de injusticias que ocurren cada día contra nosotras es que se decidió crear el Día Internacional de la Mujer.

La ausencia de justicia en la relación hombre-mujer forma parte de nuestra cultura, no de nuestro ADN, con lo cual queda bien claro que la podemos cambiar, pero para eso debemos dejar de sentirnos maravilladas porque alguien nos mande flores electrónicas con corazoncitos rosados porque somos mujeres. Siento que esa es una de las formas más injustas de desvirtuar un día como hoy.

Es que me imagino que existiese un día para festejar la hombría ¿qué haríamos? Les escribiríamos un poema, seleccionaríamos a los buenos papás para darles un premio, tomaríamos fotos a los más musculosos o haríamos un concurso del hombre más sabio. ¡Ah, les enviaríamos unos mensajitos electrónicos azul cielo con un chico sonreído y muy feliz por ser hombre!

¿Verdad que es muy descabellado? No más que felicitarnos por ser mujer, cuando la violencia doméstica, el abuso sexual infantil y las desigualdades salariales, por nombrar solo tres de las grandes injusticias que todavía vivimos en el lado occidente del planeta –en Oriente nuestra situación es mucho más grave-, requieren de que alcemos la voz para crear la conciencia necesaria que nos permita vivir en un mundo más justo.

Hoy, mi mujerabilidad me vuelve a interpelar para que no cesemos en la búsqueda de una mejor circunstancia para nosotras y para ellos, con nosotras y con ellos, por nosotras y por ellos. Porque solo desde la comprensión y respeto por nuestras diferencias, es posible que esa relación hombre-mujer/mujer-hombre sea esa pieza que construye un mundo mejor.



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